La cueva de Salamanca; La prueba de las promesas, de Juan Ruiz de Alarcón


Magia, intrigas, y por supuesto, más teatro

 

Clasificación: Teatro clásico

Precio: 12,00 €

Editorial: Cátedra / Letras Hispánicas La cueva de Salamanca La prueba de las promesas, de Juan Ruiz de Alarcón

Cuántas veces no habremos tenido la sensación de que alguien que nos promete favores a cambio de nuestro esfuerzo nos está engañando vilmente. Ese es el tema central de La prueba de las promesas, una de las obras que se incluyen en el volumen.

Se dice que Juan Ruiz de Alarcón, quizá por su defecto físico de la joroba y las múltiples bromas pesadas que sufría al respecto, era un hombre resentido. Escribió comedias –ya hemos dicho otras veces, que en el teatro de nuestros Siglos de Oro comedia no tiene que ver con la risa, sino con la obra teatral en sí- como Las paredes oyen, La verdad sospechosa o No hay mal que por bien no venga, títulos todos ellos que nos dan una idea del contenido por un lado, y de la personalidad del autor, por otra.

Esa naturaleza desconfiada se refleja en las dos obras que hoy recomendamos, La cueva de Salamanca; La prueba de las promesas, de Juan Ruiz de Alarcón –Cátedra / Letras Hispánicas- aunque, en este caso, el tema central de las mismas sea la magia, otra de las constantes en el autor, como bien explica en su excelente introducción Celsa Carmen García Valdés, influencia que le viene de su procedencia mexicana. Aunque llevara muchos años en España, los familiares que le visitaban le ponían al día respecto a las creencias ocultas.

Sin embargo, hay una diferencia sustancial entre las dos obras. La magia de La cueva de Salamanca aporta un sinfín de recursos técnicos que se podrían equiparar a las películas cargadas de efectos especiales de hoy en día. Si hoy nos asombramos de los prodigios que se logran con ellos, entonces, con un poco de pirotecnia y mucho ingenio se lograba también la emoción de los espectadores que acudían a varias representaciones para disfrutar de dichos recursos.

Por su parte, La prueba de las promesas, aporta menos forma y más materia. Es decir, una trama más trabajada en la que lo que se cuenta es más importante que cómo se cuenta. Entendemos que hoy en día aporta más una historia bien contada y armada que otra la otra, que eso sí, nos dará una pista de los avances técnicos de la época.

Así, don Juan –véase que los don Juanes son un arquetipo de galanes marrulleros y falsos que están asociados al engaño y la fullería. El caso más claro, don Juan Tenorio- pretende ablandar el corazón de doña Blanca, para lo que intenta aprender la brujería gracias a don Illán.

Por su parte, don Enrique es el galán honrado que va de buena fe.  Don Illán organiza un hechizo para que don Juan se vea marqués, de ahí llegue valido del rey… Una y otra vez va declinando las promesas que le había hecho a don Illán. Por si fuera poco, doña Blanca empieza a parecerle poco y ya no la ve como una posible esposa, sino como un capricho que tiene que lograr para luego abandonar.

Desenmascarado el nefasto don Juan, se retrata, por extensión, a todos los que por su exceso de ambición prometen y prometen para aprovecharse de la buena voluntad de la gente trabajadora.

Justo al final de la comedia se explica que la historia está inspirada el Ejemplo XI de El conde Lucanor, de don Juan Manuel. Además, Celsa Carmen García Valdés hace una excelente comparación que muestra las variaciones intertextuales de Ruiz de Alarcón. Remitimos a nuestros lectores a este estudio tan valioso como las comedias.

El aspecto formal es el típico de Letras Hispánicas de Cátedra. Auténtico libro de bolsillo de toda la vida. Elegante cubierta y contraportada negras con letras en blanco. Preside la edición una foto de la cueva de Salamanca, que está realmente excavada en el muro de una iglesia, como se explica también en la introducción. Que la disfruten.

 

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

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