“Coronado”, de Ignacio del Valle


¿Belicismo antibelicista?

 Clasificación: Novela Histórica

Editorial: Edhasa / Narrativas Históricas

La novela que hoy presentamos tiene dos efectos opuestos. Por un lado, nos introduce con tal realismo en el mundo de los conquistadores, de la aventura y el mito de El Dorado que dan ganas de alistarse en el ejército e intentar vivir una aventura tan intensa; por otro lado, es tanta la barbarie y la locura, el sin sentido de la violencia que levanta todas las alarmas en contra de tanta violencia y brutalidad.

¿Es posible tener dos vivencias tan opuestas leyendo la misma novela? A mí me ha pasado. Habrá que ver si a otros lectores de esta documentadísima historia también les ocurre.

Se trata de un libro tremendamente documentado y muy cinematográfico. Tengo la sensación de que las narrativas actuales precisan de estas técnicas para llegar al lector del Siglo XXI.

La voz narrativa viene de un fraile, Fray Tomás que nos va relatando acontecimientos desde la distancia de alguien que está dentro pero que tiene otra perspectiva y otros objetivos del resto del equipo. También, otra formación y otras vivencias que, a veces, son más horribles todavía de las que ocurrieron en América.

Así, son tremendamente brutales las escenas que se narran en flash back de las vivencias del fraile cuando participó en La Inquisición.

Otra de las señas de identidad del libro que hoy se reseña es el vocabulario. Extremadamente violento y soez por momentos. Sin embargo, en vez de algo poco apropiado, consideramos que una novela de esta naturaleza, que acomete tan frontalmente las cuestiones que vivieron aquellos primeros conquistadores necesitaba una vía de expresión así si quería ser verosímil. Por lo tanto, considero un acierto que la expresión sea dura y descarnada en una narración de esta naturaleza.

Por la presentación, podría parecer una lectura juvenil. De hecho, en los primeros compases consideré que podría ser una buena lectura para secundaria al poder trabajarse Historia y Literatura, incluso Geografía en una misma lectura. Según avanzamos la lectura puede parecer demasiado dura y agresiva pero luego he pensado que los adolescentes de hoy en día están más que curados de espanto, no hay más que ver sus videojuegos. En fin, con reparos, considero que sí, que podría ser una buena opción no para los más jóvenes pero sí para los más veteranos de la secundaria.

Formalmente, tiene el número de páginas ideal para no quedar con ganas de más pero tampoco cansarse de la lectura antes de tiempo. En la cubierta, El General Coronado, héroe que da título a la narración aunque se tenga la sensación de estar leyendo la historia de un fraile más que la de un general. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Si esto es una mujer”, de Noemí Trujillo y Lorenzo Silva


Más allá de Bevilacqua y Chamorro

Clasificación: Novela Policíaca

Editorial: Destino

 

Lo sabe muy bien y lo reconoce. Chamorro y Bevilacqua son y serán su gran creación. Una pareja de guardias civiles a las que sus fieles lectores acudimos una y otra vez sabiendo lo son y queriendo justo eso, otra dosis de sufrimiento, humor, investigación, soledad… Un producto intenso y de éxito al que, de vez en cuando, Lorenzo Silva –en este caso, con la colaboración de Noemí Trujillo- da un descanso para probar otras letras.

Por eso, en el Club de Lectura de las Bibliotecas de la Universidad CEU San Pablo se ha retomado al autor buscando otro perfil que aporte novedad frente a lo trabajado hace años.

“Si esto es una mujer” tiene muchos aciertos. Se ha buscado un argumento que está en consonancia con la demanda del público. Así, la prostitución, la inmigración explotada, la violencia gratuita contra las mujeres en un caso tan concreto y tratado tan a fondo como el que se narra en la novela tiene que ser, sin duda, una oportunidad para añadir un nuevo perfil de lectores al perfil clásico de lectores de Lorenzo Silva.

Otro acierto, el añadir precisamente a una mujer en el equipo creativo en un proceso de redacción en el que, desde luego a mí, me ha resultado imposible saber en qué partes estaba la mano de la una y en cuáles la del otro.

Lo que sí se aprecia es otro tono. Hay tacos, hay un lenguaje propio del género negro pero no puedo evitar la sensación de estar leyendo algo que podría etiquetar de <políticamente correcto> frente a la libertad creativa que he disfrutado en la serie de Chamorro y Vila.

Los lectores que acometan este ejercicio de literatura comparada podrán coincidir, o no, en estas apreciaciones.

Desde luego, me ha chocado y lo he echado de menos, no encontrar esos toques de humor en los que toda la tensión acumulada explotaba en una carcajada, a veces inoportuna –leer en transporte público tiene eso- que no se ha producido en esta lectura.

En todo caso, nos encontramos ante una oportunidad poco habitual de leer a un Lorenzo Silva distinto y, apuesto a que más adecuado a, por ejemplo, las lectoras.

En la cubierta, encontramos a la nueva heroína. En este caso, la inspectora Mauri. Una mujer atractiva y curtida que vuelve a ejercer la profesión después de una de esas pausas inevitables, o casi, en el mundo policial. Que la disfruten.

 

Adolfo Caparrós

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“El último barco”, de Domingo Villar


Un barco triste que hace reír

Clasificación: Novela Policíaca

Editorial: Siruela / Policíaca

Allá por 2006, Leo Caldas irrumpió en el mundo de las letras gallegas, en concreto, el género policíaco con “Ollos de agua” y es que, Domingo Villar escribe en gallego. Así lo decidió entonces y sigue fiel a su idea aunque luego sea traducido al castellano o español y otros idiomas.

Era una apuesta y salió muy bien. Tan bien que Leo Caldas y Rafael Estévez siguen resolviendo casos en 2019. Los resuelven con maestría en el sentido narrativo de la cuestión.

Son dos policías que tienen sus problemas, sus soledades, sus preocupaciones… En este último barco que hoy nos ocupa hay dos barcos, uno literal que no llega a tomar la víctima de la trama –Mónica Andrade- y otro metafórico que sí toma Leo Caldas, el barco del amor.

Hay una cita muy breve que aparece al final de la novela que no me puedo resistir a citar: <La mejor forma de no volverse loco es perder de vez en cuando la cabeza> (p. 557) En este sentido, hay dos personajes que van diseminando sabiduría y buenas citas por toda la novela. Uno es el padre de Leo Caldas que es quien empuja a su hijo a subir al barco del amor con la cita que acabo de copiar.

Otro es Napoleón, un mendigo que posiblemente fuera profesor de latín en tiempo de bonanza y que ha pasado a verse en la calle y pidiendo una ayuda en la puerta de La Escuela de Artes y Oficios de Vigo. Un edificio que pasa a ser personaje por la relevancia que tiene en la trama. Desde luego, subrayado en fosforito por si algún día hubiera ocasión de ir a esa ciudad maravillosa.

Sin embargo, la vida tiene marisco, vino, a veces, hasta una rosa. También tiene barcos que se quieren tomar para escapar del peligro y que no se llegan a conseguir. Es lo que le ocurre a Mónica Andrade, una chica o mujer –el propio Leo Caldas se corrige diciendo que no es tan chica, que tiene ya más de 30- Una chica, para muchos de nosotros, que decide hacer otra vida que la que lleva su padre –médico excelente que conduce un buen coche y tiene un dinero que rechaza su hija-

La cuestión es que la muerte de Mónica Andrade tiene y no tiene que ver con la riqueza. Eso lo desvelarán los lectores si llegan a la última página. La verdad es que no tiene que ver tanto con el dinero como con el compromiso, con ser consecuente con sus ideales.

Formalmente, preside la cubierta una imagen que invita más a admirar la costa a resguardo de una buena cristalera con unos mejillones y un cuenco de Ribeiro que a darse un baño. Es una novela que se puede empezar a leer en Navidad y, según ritmos de lectura, podría durar casi hasta Semana Santa. El lector libre decide sus tempos y cómo leer. Decide si alterna lecturas o no. Es quien tiene la última palabra. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Los años verdes”, de Yukio Mishima, edición de Carlos Rubio


Genialidad en tiempos difíciles

 Clasificación: Novela

Editorial: Cátedra / Letras Universales

Las ediciones de Cátedra están tan trabajadas que en más de una ocasión hemos comentado que el estudio superaba a la obra estudiada.

Al leer el trabajo de Carlos Rubio, mucho me temía que se fuera a repetir esa circunstancia.

Sin embargo, Carlos Rubio tiene un acierto extra introducción que consiste en que la ha redactado de manera que se crea un interés creciente por leer la novela de Mishima.

La duda es: ¿Habría leído esta novela con ese gusto sin haber acometido previamente el estudio de Rubio? Puede que sí, pero no tengo duda de que una época, una cultura y un autor como Mishima se pueden disfrutar mucho más con una buena explicación. La asimilación del mensaje va a ser mucho mayor.

“Los años verdes” son los años de la adolescencia, de salir del cascarón familiar y empezar la vida de la enseñanza media.

Esos inicios relatados en la novela tienen un punto y seguido claro que el padre de Makoto –protagonista indiscutible de la novela- marca con un ritual. Tiene que ver con un lápiz gigante colgado en la fachada de una papelería que supone el deseo inalcanzable de Makoto. El padre de Makoto convence al tendero para que se lo venda. Sin embargo, el padre obliga a Makoto a desprenderse del lápiz nada más comprarlo.

De ahí se pasa al internado, a vivir en Tokio, la gran oportunidad que otros muchos jóvenes no van a tener nunca.

El relato termina con la inserción de Makoto en el mundo laboral pero en este trayecto ha ocurrido una catarsis, una maduración que ha transformado al gusano en mariposa.

Formalmente, se trata de un libro de auténtico bolsillo, ligero, manejable, no tan ágil en la lectura propia de las letras orientales. Así, el tempo es mucho más lento, la reflexión y la búsqueda de La Verdad es una constante. Preside la cubierta una preciosa fotografía que saca a relucir la belleza diferente de una cultura tan apasionante como la japonesa.

Adolfo Caparrós

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“El Director”, de David Jiménez


Crónica de una crisis

Clasificación: Periodismo

Editorial: Libros de K.O.

David Jiménez relata en el libro el año vivido como Director del Diario “El Mundo”. Decimos <relata> porque ahí surge el primer dilema a la hora de afrontar la lectura.

Podría ser un libro sobre Periodismo. De hecho, es básico para cualquiera que lleve El Periodismo en las venas. Si tuviera algún lector o lectora a una hija o a un hijo planteándose estudiar Comunicación Audiovisual, Periodismo o similar, se trata de un libro que va a estimular la vocación de quien lo lea y ayudará a comprender la crisis del sector. Desde luego, que el periodismo contemporáneo no va a atar los perros con longanizas según las predicciones del autor.

También podría ser un libro de Historia en el que se pasa revista a los grandes personajes de la política nacional e internacional.

Sin embargo, David Jiménez ha escrito una novela o, si lo prefieren, un “Gran teatro del mundo” en el que, al igual que en “La venganza de don Mendo”, <muere hasta el apuntador> No muertes literales, evidentemente, pero sí fallecimientos profesionales, políticos o de la vida pública en general.

Así, a consecuencia de los medios de comunicación, se conocieron actividades que dieron con Rodrigo Rato en la cárcel, por poner un ejemplo de uno de los casos tratados a fondo en el libro.

Otros nombres que salieron a la luz en “El Mundo” bajo la dirección de David Jiménez fueron los de Iñaki Urdangarín o José Manuel Soria. Víctimas de “El Mundo”, de David Jiménez y del Periodismo según se relata en el libro.

La narrativa del autor es la de un gran redactor, formado en años de cuadernos y teclados. Una redacción que despierta empatía en el lector. En mi caso, ambos estamos en esa edad cercana a la cincuentena en la que, tocando o no <El Despacho>, en mi caso ni por asomo, se va uno quemando.

Otra de las claves del libro, no citada textualmente, es la Post-Verdad. Una verdad en Estados Unidos, cuando el autor recibe una oferta irrechazable para dirigir el periódico, supuesta verdad desde el primer momento porque parece ser que el propio autor sabía que le estaban engañando. Nada puede ser tan color de rosa.

Otra verdad ya en Madrid que es una de las palabras clave del libro: ERE –Expediente de Regulación de Empleo- o headcount, citados a la saciedad.

Tras esa verdad de partida, color de rosa; la Post-Verdad: despidos, guerra a muerte dentro y fuera del periódico. La conclusión dolorosa es la cantidad de buenos profesionales que se van por el sumidero. Él mismo engañado en una trituradora objetiva de Directores, nada menos que cinco en cuatro años.

Hay un Cardenal asociado a Mazarino pero yo prefiero, dado lo novelístico del libro, asociarlo a Richelieu y un D’Artagnan y los tres mosqueteros. A saber, los tres grandes Directores que han escrito sus nombres en La Historia del Periodismo Español, citados expresamente en el libro: Luis María Ansón, Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián.

Formalmente, también tiene el tamaño y el ritmo de una novela que nos puede acompañar perfectamente en el transporte y darnos la <despertá> necesaria para volver al trabajo. Preside la cubierta una máscara, cómo no, de papel púrpura.

Adolfo Caparrós

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“Tres periodistas en la revolución de Asturias”, de Manuel Chaves Nogales, José Díaz Fernández y Josep Pla


Periodistas de trinchera

 Clasificación: Periodismo

Editorial: Libros del Asteroide

Explica Jordi Amat en el prólogo de la edición las circunstancias difíciles y exclusivas de los tres testimonios que ofrece el libro.

Ahora que la información es gratuita cuando se estaba estrenando el siglo XX la gente se arriesgaba y pagaba un dinero imprescindible para saber qué estaba pasando en el norte.

También los periódicos exponían a sus mejores hombres, con un buen presupuesto, sin duda, para que pudieran contar información muy relevante y decisiva para cada una de las personas que la leían, porque estamos en una época en la que la información radiofónica o en imagen casi ni se conocían.

Algo ha cambiado en el periodismo y otras cosas siguen igual. Los corresponsales siguen arriesgando su vida, damos por hecho que respaldados con muy buenos presupuestos y los conflictos bélicos, lamentablemente, siguen existiendo.

Sin embargo, quizá no seamos conscientes de que este mundo globalizado puede hacer muy relevante lo que pase en Oriente Medio o en Venezuela. Esos terroristas asturianos con sus tres kilogramos de dinamita bajo el brazo parecen ciencia ficción.

Sin embargo, los horrores de la guerra existieron en fechas anteriores a las fechas en las que comenzó oficialmente La Guerra Civil. Asturias quedó en escombros antes de 1936, fecha del alzamiento y, por consiguiente, inicio oficial de la guerra.

¿Qué se puede interpretar? Que para que se cometan atropellos y atrocidades de todo tipo no hace falta que haya una guerra oficial declarada. Ejemplos tenemos en la frontera entre Asia y Europa, en la frontera entre África y Europa, En la frontera entre las dos Américas y en la frontera entre naciones hermanas como Venezuela y Colombia.

De algún modo, en Cuba pensarán que esa catástrofe se está viviendo desde el 98 y lo que nos queda.

En el libro se relatan tácticas de destrucción que hoy en día, con el armamento nuclear que utilizó Estados Unidos parecen escasas porque estamos a merced de que algún día alguien apriete el botón del Game Over global y se acabe todo para todos. Ese día dará igual vivir en la frontera o no, dará igual ser pobre o rico y tener dinamita o no tenerla.

De algún modo, los horrores que vivieron Díaz Fernández, Chaves Nogales y Pla y que les pusieron los pelos de punta son los horrores que nadie quiere volver a vivir. Un documento que, desde luego, no es una lectura refrescante para leer saboreando un Mojito, o quizá sí. Quizá se debe saborear el Mojito sabiendo que la trinchera está siempre preparada.

Formalmente, el número de páginas sí es el adecuado para una lectura de verano y habrá quien prefiera el blanco y negro, aunque solamente sea por solidaridad con realidades menos afortunadas. En la cubierta, tonos sepia que no logran enmascarar los gestos de hostilidad y desánimo de los milicianos que reposan sentados con sus fusiles.

Adolfo Caparrós

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“La fuente de los siete valles”, de Félix G. Modroño


 

 Fiel y añejo

 Clasificación: Novela Histórica

Editorial: Erein

 

Le ha pasado al autor del libro que hoy recomendamos lo que a los bodegueros riojanos que aparecen en la novela. Hay que presentar unos caldos reconocibles por sus calidades pero, a la vez, hay que lograr que mejoren con el paso del tiempo.

En este caso, se ha optado por la máxima <menos es más> Sabedor de que sus libros se venden bien, el dominio del género es cada vez mayor y la cultura twitter hace que los lectores gasten cada vez menos paciencia, ha preferido dejar miel en los labios al empacho.

Así, tan profusa documentación sobre la historia del Siglo XIX y sucesivos en La Rioja, el tremendo trabajo –apuesto a que ha sido así- de ir quitando páginas al libro hasta dejarlo en este producto final, tiene que haber sido doloroso, no solamente para quien lo ha escrito; sino también para los que nos zambullimos en sus páginas y pensamos < ¡Cómo me habría gustado que los encuentros con Marcelino Menéndez Pelayo o con El Marqués de Murrieta hubieran sido más! >

Es preferible, de eso no tengo duda, dejar al lector con ganas de más que cansarlo en la página 150 o hasta en la 30, como le pasó a un amigo con “La Regenta” y eso que la ha acometido varias veces en su vida. Eso no quita que haya leído mamotretos mucho más espesos y voluminosos por su trabajo, es ingeniero, pero “La Regenta” se le atragantó y ya no ha habido manera.

Sin embargo, Pablo –Protagonista indiscutible que empieza siendo sacerdote con pretensiones en Roma y termina siendo inmortal gracias al amor al libro- habrá hechizado ya a más de una lectora, no tengo duda.

Me ha pasado con la novela lo que pasa con un buen Rioja. Se empieza con ganas y no quiere uno que se termine. El tempo es así. Frente a otras novelas de Modroño, se avanza con languidez y sin ansias por llegar al final. El final llega y se disfruta igual que la botella se termina y se piensa en una nueva ocasión para compartir algo tan especial como la buena literatura.

Desde luego, con La Feria del Libro recién terminada, se puede pensar en todo lo que hay acumulado encima de la mesa y pasar al siguiente, es la sensación que ha quedado, escenarios maravillosos pero hay que cambiar de mes, de año, de siglo…

Formalmente, impera el buen gusto, papel generoso y ocre que no hace demasiado pesadas las casi 300 páginas del tamaño estándar de novela en los tiempos que corren. Preside la cubierta El Monasterio de San Millán de la Cogolla en tonos ocres en los que destaca la letra roja del título en caracteres que son ya otra de las señas de identidad. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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