“Los años verdes”, de Yukio Mishima, edición de Carlos Rubio


Genialidad en tiempos difíciles

 Clasificación: Novela

Editorial: Cátedra / Letras Universales

Las ediciones de Cátedra están tan trabajadas que en más de una ocasión hemos comentado que el estudio superaba a la obra estudiada.

Al leer el trabajo de Carlos Rubio, mucho me temía que se fuera a repetir esa circunstancia.

Sin embargo, Carlos Rubio tiene un acierto extra introducción que consiste en que la ha redactado de manera que se crea un interés creciente por leer la novela de Mishima.

La duda es: ¿Habría leído esta novela con ese gusto sin haber acometido previamente el estudio de Rubio? Puede que sí, pero no tengo duda de que una época, una cultura y un autor como Mishima se pueden disfrutar mucho más con una buena explicación. La asimilación del mensaje va a ser mucho mayor.

“Los años verdes” son los años de la adolescencia, de salir del cascarón familiar y empezar la vida de la enseñanza media.

Esos inicios relatados en la novela tienen un punto y seguido claro que el padre de Makoto –protagonista indiscutible de la novela- marca con un ritual. Tiene que ver con un lápiz gigante colgado en la fachada de una papelería que supone el deseo inalcanzable de Makoto. El padre de Makoto convence al tendero para que se lo venda. Sin embargo, el padre obliga a Makoto a desprenderse del lápiz nada más comprarlo.

De ahí se pasa al internado, a vivir en Tokio, la gran oportunidad que otros muchos jóvenes no van a tener nunca.

El relato termina con la inserción de Makoto en el mundo laboral pero en este trayecto ha ocurrido una catarsis, una maduración que ha transformado al gusano en mariposa.

Formalmente, se trata de un libro de auténtico bolsillo, ligero, manejable, no tan ágil en la lectura propia de las letras orientales. Así, el tempo es mucho más lento, la reflexión y la búsqueda de La Verdad es una constante. Preside la cubierta una preciosa fotografía que saca a relucir la belleza diferente de una cultura tan apasionante como la japonesa.

Adolfo Caparrós

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“El Director”, de David Jiménez


Crónica de una crisis

Clasificación: Periodismo

Editorial: Libros de K.O.

David Jiménez relata en el libro el año vivido como Director del Diario “El Mundo”. Decimos <relata> porque ahí surge el primer dilema a la hora de afrontar la lectura.

Podría ser un libro sobre Periodismo. De hecho, es básico para cualquiera que lleve El Periodismo en las venas. Si tuviera algún lector o lectora a una hija o a un hijo planteándose estudiar Comunicación Audiovisual, Periodismo o similar, se trata de un libro que va a estimular la vocación de quien lo lea y ayudará a comprender la crisis del sector. Desde luego, que el periodismo contemporáneo no va a atar los perros con longanizas según las predicciones del autor.

También podría ser un libro de Historia en el que se pasa revista a los grandes personajes de la política nacional e internacional.

Sin embargo, David Jiménez ha escrito una novela o, si lo prefieren, un “Gran teatro del mundo” en el que, al igual que en “La venganza de don Mendo”, <muere hasta el apuntador> No muertes literales, evidentemente, pero sí fallecimientos profesionales, políticos o de la vida pública en general.

Así, a consecuencia de los medios de comunicación, se conocieron actividades que dieron con Rodrigo Rato en la cárcel, por poner un ejemplo de uno de los casos tratados a fondo en el libro.

Otros nombres que salieron a la luz en “El Mundo” bajo la dirección de David Jiménez fueron los de Iñaki Urdangarín o José Manuel Soria. Víctimas de “El Mundo”, de David Jiménez y del Periodismo según se relata en el libro.

La narrativa del autor es la de un gran redactor, formado en años de cuadernos y teclados. Una redacción que despierta empatía en el lector. En mi caso, ambos estamos en esa edad cercana a la cincuentena en la que, tocando o no <El Despacho>, en mi caso ni por asomo, se va uno quemando.

Otra de las claves del libro, no citada textualmente, es la Post-Verdad. Una verdad en Estados Unidos, cuando el autor recibe una oferta irrechazable para dirigir el periódico, supuesta verdad desde el primer momento porque parece ser que el propio autor sabía que le estaban engañando. Nada puede ser tan color de rosa.

Otra verdad ya en Madrid que es una de las palabras clave del libro: ERE –Expediente de Regulación de Empleo- o headcount, citados a la saciedad.

Tras esa verdad de partida, color de rosa; la Post-Verdad: despidos, guerra a muerte dentro y fuera del periódico. La conclusión dolorosa es la cantidad de buenos profesionales que se van por el sumidero. Él mismo engañado en una trituradora objetiva de Directores, nada menos que cinco en cuatro años.

Hay un Cardenal asociado a Mazarino pero yo prefiero, dado lo novelístico del libro, asociarlo a Richelieu y un D’Artagnan y los tres mosqueteros. A saber, los tres grandes Directores que han escrito sus nombres en La Historia del Periodismo Español, citados expresamente en el libro: Luis María Ansón, Pedro J. Ramírez y Juan Luis Cebrián.

Formalmente, también tiene el tamaño y el ritmo de una novela que nos puede acompañar perfectamente en el transporte y darnos la <despertá> necesaria para volver al trabajo. Preside la cubierta una máscara, cómo no, de papel púrpura.

Adolfo Caparrós

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“Tres periodistas en la revolución de Asturias”, de Manuel Chaves Nogales, José Díaz Fernández y Josep Pla


Periodistas de trinchera

 Clasificación: Periodismo

Editorial: Libros del Asteroide

Explica Jordi Amat en el prólogo de la edición las circunstancias difíciles y exclusivas de los tres testimonios que ofrece el libro.

Ahora que la información es gratuita cuando se estaba estrenando el siglo XX la gente se arriesgaba y pagaba un dinero imprescindible para saber qué estaba pasando en el norte.

También los periódicos exponían a sus mejores hombres, con un buen presupuesto, sin duda, para que pudieran contar información muy relevante y decisiva para cada una de las personas que la leían, porque estamos en una época en la que la información radiofónica o en imagen casi ni se conocían.

Algo ha cambiado en el periodismo y otras cosas siguen igual. Los corresponsales siguen arriesgando su vida, damos por hecho que respaldados con muy buenos presupuestos y los conflictos bélicos, lamentablemente, siguen existiendo.

Sin embargo, quizá no seamos conscientes de que este mundo globalizado puede hacer muy relevante lo que pase en Oriente Medio o en Venezuela. Esos terroristas asturianos con sus tres kilogramos de dinamita bajo el brazo parecen ciencia ficción.

Sin embargo, los horrores de la guerra existieron en fechas anteriores a las fechas en las que comenzó oficialmente La Guerra Civil. Asturias quedó en escombros antes de 1936, fecha del alzamiento y, por consiguiente, inicio oficial de la guerra.

¿Qué se puede interpretar? Que para que se cometan atropellos y atrocidades de todo tipo no hace falta que haya una guerra oficial declarada. Ejemplos tenemos en la frontera entre Asia y Europa, en la frontera entre África y Europa, En la frontera entre las dos Américas y en la frontera entre naciones hermanas como Venezuela y Colombia.

De algún modo, en Cuba pensarán que esa catástrofe se está viviendo desde el 98 y lo que nos queda.

En el libro se relatan tácticas de destrucción que hoy en día, con el armamento nuclear que utilizó Estados Unidos parecen escasas porque estamos a merced de que algún día alguien apriete el botón del Game Over global y se acabe todo para todos. Ese día dará igual vivir en la frontera o no, dará igual ser pobre o rico y tener dinamita o no tenerla.

De algún modo, los horrores que vivieron Díaz Fernández, Chaves Nogales y Pla y que les pusieron los pelos de punta son los horrores que nadie quiere volver a vivir. Un documento que, desde luego, no es una lectura refrescante para leer saboreando un Mojito, o quizá sí. Quizá se debe saborear el Mojito sabiendo que la trinchera está siempre preparada.

Formalmente, el número de páginas sí es el adecuado para una lectura de verano y habrá quien prefiera el blanco y negro, aunque solamente sea por solidaridad con realidades menos afortunadas. En la cubierta, tonos sepia que no logran enmascarar los gestos de hostilidad y desánimo de los milicianos que reposan sentados con sus fusiles.

Adolfo Caparrós

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“La fuente de los siete valles”, de Félix G. Modroño


 

 Fiel y añejo

 Clasificación: Novela Histórica

Editorial: Erein

 

Le ha pasado al autor del libro que hoy recomendamos lo que a los bodegueros riojanos que aparecen en la novela. Hay que presentar unos caldos reconocibles por sus calidades pero, a la vez, hay que lograr que mejoren con el paso del tiempo.

En este caso, se ha optado por la máxima <menos es más> Sabedor de que sus libros se venden bien, el dominio del género es cada vez mayor y la cultura twitter hace que los lectores gasten cada vez menos paciencia, ha preferido dejar miel en los labios al empacho.

Así, tan profusa documentación sobre la historia del Siglo XIX y sucesivos en La Rioja, el tremendo trabajo –apuesto a que ha sido así- de ir quitando páginas al libro hasta dejarlo en este producto final, tiene que haber sido doloroso, no solamente para quien lo ha escrito; sino también para los que nos zambullimos en sus páginas y pensamos < ¡Cómo me habría gustado que los encuentros con Marcelino Menéndez Pelayo o con El Marqués de Murrieta hubieran sido más! >

Es preferible, de eso no tengo duda, dejar al lector con ganas de más que cansarlo en la página 150 o hasta en la 30, como le pasó a un amigo con “La Regenta” y eso que la ha acometido varias veces en su vida. Eso no quita que haya leído mamotretos mucho más espesos y voluminosos por su trabajo, es ingeniero, pero “La Regenta” se le atragantó y ya no ha habido manera.

Sin embargo, Pablo –Protagonista indiscutible que empieza siendo sacerdote con pretensiones en Roma y termina siendo inmortal gracias al amor al libro- habrá hechizado ya a más de una lectora, no tengo duda.

Me ha pasado con la novela lo que pasa con un buen Rioja. Se empieza con ganas y no quiere uno que se termine. El tempo es así. Frente a otras novelas de Modroño, se avanza con languidez y sin ansias por llegar al final. El final llega y se disfruta igual que la botella se termina y se piensa en una nueva ocasión para compartir algo tan especial como la buena literatura.

Desde luego, con La Feria del Libro recién terminada, se puede pensar en todo lo que hay acumulado encima de la mesa y pasar al siguiente, es la sensación que ha quedado, escenarios maravillosos pero hay que cambiar de mes, de año, de siglo…

Formalmente, impera el buen gusto, papel generoso y ocre que no hace demasiado pesadas las casi 300 páginas del tamaño estándar de novela en los tiempos que corren. Preside la cubierta El Monasterio de San Millán de la Cogolla en tonos ocres en los que destaca la letra roja del título en caracteres que son ya otra de las señas de identidad. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Poesías completas”, de Antonio Machado


Siempre Los Clásicos

Clasificación: Poesía

Editorial: Vitruvio / Baños del Carmen

 

Es curioso cómo se puede coincidir tan plenamente con un preámbulo de poco más de cuatro páginas que comentan una de las lecturas inexcusables de las letras españolas. Así, José Luis Fernández Hernán comenta que ha vuelto sobre esos poemas machadianos después de los años de secundaria, lo mismo que me ha ocurrido a mí.

Ambos hemos descubierto una lectura que en su día se apuró de prisa y corriendo y los dos coincidimos en que es una lectura que requiere tiempo, pausa, análisis, profundidad.

Hay tantos estudios y de voces tan autorizadas que da mucho reparo añadir nada. En todo caso, aunque sea sabido por la mayoría, en Antonio Machado confluyen nada menos que El Modernismo, La Generación del 98, La Generación del 14 y La Generación del 27.

En la última parte son mencionados y citados expresamente: Rubén Darío, Azorín, José Ortega y Gasset y Rafael Alberti. Desde luego, muchos más, pero ellos son autores de peso y entidad para que, quien no haya acometido la lectura de este magnífico ejemplar, se plantee seriamente que es una oportunidad de leer Literatura con mayúscula.

Es curioso el ataque a Los Siglos de Oro, curioso por un lado y explicable por otro. Quienes querían ser oro no podían admitir que los Cervantes, Quevedo, Lope, Gongora… estuvieran por encima de ellos. Al final, la crítica solventó el problema bautizando como Edad de Plata a esa nueva cumbre de nuestras letras.

Hay que destacar que, en un escenario tremendamente negativo, el ritmo, la música, el color, la búsqueda de la felicidad y la belleza sean una constante en el libro que hoy ofrecemos.

Como él mismo canta una y otra vez, si volvemos la vista atrás y vemos todo el sufrimiento acumulado, sacamos fuerzas para apretar los dientes y luchar por un mañana un poco mejor.

Formalmente, se trata de un volumen contundente, de buen papel que por momentos, me ha parecido un poco ocre. Una edición sobria, de pastas negras y letras en blanco que dejan poco margen al adorno en la forma sabiendo que la fuerza está en el fondo. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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“El alma de la computadora”, de José Villacís


Utopías del Siglo XXI

Clasificación: Ensayo

Editorial: Sial Pigmalión / Ensayo

Allá por el Fin-de-Milenio –la grafía es de Eugenio D’Ors- pasado había un pesimismo fuera de lo común.

El fatalismo y la sensación de que el mundo se iba a acabar culminó en el miedo y una producción de obras definitivas que, en todo caso, cerraban un Milenio y estrenaban otro. Entre ellas, “El mundo de Sofía”, de Jostein Gaarder. Su objetivo era demostrar que otra enseñanza era posible, que había otra manera de plantear La Educación más atractiva. El tiempo le ha dado la razón y ha superado con creces aquella revolución. Pantallas Digitales, viajes tanto dentro como fuera del continente, libros de texto gratuitos, profesores como autoridad, bilingüismo para todos… En definitiva, una educación que se escapaba a las posibilidades del Siglo XX.

El polifacético y cultivadísimo José Villacís nos ofrece una versión 3.0 de aquella obra.

En formato de diálogos que van cerrándose en jornadas, al estilo de Sócrates, Platón, Aristóteles, Joan de Timoneda, Joseph de Maistre… se van planteando una serie de cuestiones que por un lado, son las grandes cuestiones de La Economía Universal; por otro, nos presentan las soluciones que los pensadores más capacitados están planteando cara al futuro.

En este sentido, los textos previos aparecen firmados, nada menos que por Noam Chomsky y Juan Velarde.

Uno de los mensajes que se repite hasta la saciedad es que no se debe culpar de nada a una persona en concreto, ni siquiera a un colectivo. La Computadora, El Lobo de Hobbes –citado hasta la saciedad- actúa en función de unas energías, de los teclados en los que no escriben más que los altísimos funcionarios. Ni siquiera ellos porque, a su vez, sus manos son guiadas por otras presiones colectivas que responden a otras presiones que pueden, perfectamente, venir del pasado más remoto.

En la cubierta, El Ojo que todo lo ve nos remite a mitologías; a fuerzas del bien y del mal; a cuentakilómetros que colisionan de arriba abajo o viceversa; a otros ojos que son mirados por ese ojo que todo lo ve y, por supuesto, a los cables que todo conectan y que son lo que da sentido o no, al mundo en el que vivimos. Sea o no, más inhumano que el que se vivió en el pasado.

Toda buena filosofía plantea una cuestión y, después de leer el libro, pueden tener más luz o más dudas al respecto. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Que se levanten los muertos”, de Fred Vargas


Una Princesa aspirante a Nobel

 Clasificación: Novela

Editorial: Siruela / Policíaca

Cuenta La Leyenda que los galardonados con El Premio Princesa de Asturias tienen preparada la acreditación para obtener El Premio Nobel de Literatura. Ambos premios reconocen la trayectoria de mujeres y hombres, en este caso, dedicados a las letras.

Por si fuera poco, en los tiempos revueltos que vivimos, el género policíaco es uno de los que acaparan congresos, autores y, sin duda, versiones cinematográficas.

Fred Vargas es Frédérique Audoin-Rouzeau pero firmando como Fred Vargas puede ser un varón o una mujer y tener la fiereza de América, la falta de escrúpulos necesarios para relatar asesinatos. No es que una mujer no pueda tenerlos, Margarita Landi, Agatha Christie… No veo necesario aumentar la nómina. El caso es que ella o sus agentes literarios, vaya usted a saber, decidieron que como Fred Vargas vendería muchas más novelas como así ha sido.

“Que se levanten los muertos” es de las más recientes. Presenta a cuatro solitarios que son asociados a un líder –Armand Vandoosler- y tres evangelistas: Marc, Mathias y Lucien.

Por si fuera poco, la víctima se llama Sophia y su esposo, Pierre.

Algo de Equipo A tienen estos chicos sin oficio ni beneficio que se acogen al amparo del Comisario retirado Vandoosler.

Se trata de una novela policíaca con ambición, abundantes intertextualidades, humor francés, que desde Moliére tiene que ser fino, suave y cortés, con lo cual, no hay tampoco saña ni abundantes víctimas como ocurre con otras novelas del género.

¿Obra Maestra? Desde luego, una novela muy bien llevada, que no nos hace sudar en exceso por la tensión de la tortura, por ejemplo. Entiendo que si se lee en junio, julio o agosto, se sudará igualmente, pero por la tortura del Calentamiento Global que todos sufrimos, más los de la Zona Sur, sin duda.

La extensión es muy adecuada para poder llevar un libro en papel sin pagar sobrepeso de equipaje o terminar el verano con la frustración de no haber completado los deberes.

Si por casualidades de la vida se cumpliera esa premisa de Premio Princesa de Asturias, seria aspirante Al Premio Nobel de Literatura podrán sonreír y decir, <claro que sé quién es>

En la cubierta, unos álamos en blanco y negro nos recuerdan que El Ecologismo es tan relevante en La Cultura Millenial que Un Álamo es un personaje con relevancia cierta. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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