“Los cinco y yo”, de Antonio Orejudo


Aquellos maravillosos años…

 Clasificación: Novela

Editorial: Tusquets

Dos saltos al pasado. Uno, a la infancia en la que se leyeron las exitosas novelas de “Los cinco”, de Enid Blyton; otro, el salto a una universidad en la que se formó un grupo de amigos que se reencuentra con el paso de los años.

A grandes rasgos, ahí están las claves de lectura de esta deliciosa novela. Especialmente deliciosa para nuestra generación que, sin terminar de coincidir exactamente con la de Antonio Orejudo, convivió y entiende perfectamente sensaciones que, de tan parecidas, son casi las mismas.

Esa infancia que jugaba al fútbol en el patio con pelotas de plástico en la que tener unos pantalones tejanos era un sueño de niños ricos que los habían conseguido en Estados Unidos.

Luego llega la Universidad, Felipe González, la movida, la OTAN… Tiempos que me ha encantado recordar de la mano de los protagonistas múltiples porque hay dos grupos.

Por un lado, quienes deciden fundar una revista que tenga como inspiración a “Los cinco”, de Enid Blyton al igual que, en su día, la Generación del 27 se fraguó en torno al Homenaje a Luis de Góngora para que los lectores se hagan una idea.

Por otro lado, la idea de uno de los componentes del grupo de crear una ficción que recupere a los protagonistas de aquellas novelas con el paso de los años. La narración de los Congresos, los viajes y la vida de los protagonistas de aquellas ficciones 50 años después es tan verosímil que parece todo realidad. A uno lo coloca como militar retirado; a otro, como responsable de ética de una gran empresa farmacéutica; ella, es una periodista de investigación que destapa corruptelas varias…

Por un momento, tiene uno la sensación de estar leyendo un libro de memorias o un diario íntimo en vez de una novela.

Hay otra idea que ha agradado mucho. Romper una lanza a favor de la novela a secas. Evitar la necesidad de meter policías y cadáveres varios, delincuencia y violencia para redactar una buena narración que sea capaz de atrapar al lector.

Por ahí, me parece que Antonio Orejudo abre una opción de nuevo paradigma frente al actual de relatos policíacos que puede que esté empezando a agotarse.

El ritmo, evidentemente, no puede ser el de una obra de acción. Así, las 250 páginas transcurren mansas y frescas sin necesidad de precipitar la acción ni de devorar el libro en la búsqueda del asesino. Preside la cubierta una foto de época en la que un grupo de seis niños posan subidos a un tobogán.

Adolfo Caparrós

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“Sobredosis”, de María Iglesias Pantaleón


Mucho más que otra novela policíaca

 Clasificación: Novela Policíaca

Editorial: Ondina

Escribir género policíaco, incluso reseñarlo, es sumergirse de alguna manera en un más difícil todavía del que se sale airoso con mucho trabajo.

Ese es el caso del libro que hoy recomendamos. Su fuerza está en ese plus que aporta de psicología, me atrevería a afirmar que incluso filosofía que abre varias reflexiones al hilo de la historia que cuenta.

¿Puede ser honrado el mundo de la prostitución o del tráfico de drogas? Pues son delitos, así que no. Sin embargo, cuando se lee una historia en la que la fuerza arrebatadora del destino ha llevado inexorablemente a ese camino a una madre que lucha por su hijo quizá nos puedan surgir algunas dudas al respecto.

En definitiva, “Sobredosis” lo que hace es ponernos ante el lado más humano de quienes se han visto sumergidos en ese mundo. Tanto los de un lado como los del otro. También están los policías que después de una masacre se preguntan si tienen ellos muchos más argumentos para disparar y si son ellos mucho mejores que esas personas a las que muchas veces conocen a fondo.

En fin, no quiero dar la impresión de que el libro tenga un exceso de moralina, todo lo contrario, se trata de una historia coral, muy variada en la que no dejan de ocurrir cosas.

La agilidad y el dinamismo es seña de identidad. De hecho, las escenas van saltando con un estilo tremendamente cinematográfico. Sin embargo, las cosas que viven los protagonistas son relevantes desde la lectura más humana de la cuestión y por ahí es por donde, a mí al menos, me ha atrapado el libro que hoy reseñamos.

La imagen de cubierta presenta a un chico o a un hombre muy bien conservado, que tiene un aspecto muy atractivo, sin embargo, el otro lado de su cara es un jaguar porque también hay casos en los que el lado más inhumano, el instinto más destructivo y duro están presentes en ese mundo. Desde luego, las casi doscientas páginas que dura el libro nos van a parecer muy poco. Un libro que nos dejará con ganas de más. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Trastos viejos”, de Moisés Regidor Parra


Parecen trastos viejos y son antigüedades

Clasificación: Poesía

Editorial: Atiempo

Aquí hay sitio para un Premio Nobel y para un autor minoritario. Es el caso del libro de hoy. Un libro plagado de versos que cantan con nostalgia a un mundo que en la ciudad es totalmente desconocido. Y ahí encontramos uno de los grandes atractivos del libro. Lo excepcional. En un mundo en el que se ven y conocen muchas cosas, a veces, es difícil encontrar algo que sorprenda.

Por ahí, remontándose al pasado, encontramos utensilios <viejos>, aunque el término sea poco comercial, que muchos de los jóvenes no han visto en su vida.

Ni siquiera alguien que peina canas ya pero que sea de ciudad, como es mi caso, conoce muchos de los objetos a los que se canta.

Sin lugar a dudas, la reina de los trastos viejos es esa Singer que aparece a color en la cubierta, preciosa ilustración que homenajea a la herramienta de trabajo por excelencia del poeta que se ganó la vida como sastre en ilustración de José I. Redondo Regidor.

Uno mucho más rebuscado es el hachero: <En la iglesia no se ve / lo que antaño se veía / aquel cuadro de madera / que cirios en él lucían> pp. 60-61 con magnífica ilustración de Jesús Olivet Arroyo.

Todo el libro está bajo el <Ubi sunt>; es decir, <¿Dónde están?>

En las páginas 68 y 69 se rinde homenaje a la botija, con características de identidad diferentes al botijo. Remata el poema Regidor Parra con este heptasílabo: <Olvidándonos de ella> Con excelente ilustración de Amelia Mateos.

En la página 120 el poeta canta al badil. Escribimos canta porque la estructura combina tipos en negrita y en texto normal lo que da énfasis y, sospechamos, ritmo musical:

<Pero ya desde hace tiempo / no me quieren, ya no sirvo, / hay otros recogedores / que hacen el mismo servicio>

Todos los textos tienen una voz nostálgica y entristecida que llevan a la compasión del lector. A que se tengan ganas reales de que el badil, por ejemplo, vuelva a la vida y cobre nuevo protagonismo en una serie de televisión o una película de época. De hecho, estaremos atentos por si viéramos este objeto en el cine.

Por último, la zoqueta: <Zoqueta eras cosa buena / para segar bien el trigo. / Hay que llevarte bien puesta / y dirán lo que yo digo, / que hace bien a la muñeca / y evita algún cortecito.> Ilustración de Daniel González Linares, hermano de José Ángel González Linares que es el Alma Mater de la edición.

En el último momento encontramos unos versos que abren el corazón a la esperanza y dan sentido a toda esta aventura: <Los mayores los añoran, / al joven le gusta verlos / y conocer su misión / o saber con precisión / para qué servían ellos.>

Formalmente, se trata de un libro ligero, de algo más de 150 páginas en las que la ilustración es tan relevante como el texto, como se ha dicho, preside la cubierta una preciosa Singer. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós

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“La conjura de los necios”, de John Kennedy Toole


Al Sur de América del Norte…

 Clasificación: Clásicos

Editorial: Anagrama

Una de las gracias de los libros que dialogan es escuchar su diálogo, entender el porqué de que Foenkinos cite a Toole y cómo puede estar “La conjura de los necios” dentro de “La biblioteca de los libros rechazados”

Y parece todo tan bello, la idea de salvar de la quema esos libros que irían a la hoguera y aquí citamos a “Don Quijote” como lo hace Walker Percy en el prólogo al afirmar que Ignatius Reilly es otro loco que sale de su zona de confort para encontrar su ruina que parece que el mundo fuera perfecto.

Otro loco que se ve envuelto en una tela de araña tejida entre su entorno y él mismo de la que ya no se puede escapar porque ese es el extrañamiento de partida, el primer hilo que empieza a liar la madeja con una detención que termina no ocurriendo.

Un policía se ve obligado a detener a alguien para poder seguir trabajando y da con el torpón Ignatius que no ha hecho nada delictivo, realmente. Salen algunos en su defensa y termina en comisaría un señor que acaba siendo uno de los salvadores de madre e hijo. O no, nunca sabemos si esos gestos de quijote, porque tenemos ahí a otro quijote, quizá algo más sereno que Ignatius que sale en defensa de él con toda la buena voluntad del mundo y se ve en comisaría. Eso en su primer gesto. De la lectura de la novela se desprende que ese personaje tiene sobrados motivos para defender a Ignatius que se descubrirán con la lectura.

El caso es que a partir de ahí empieza una hipérbole que enlaza con “Pantagruel y Gargantúa” en una exageración de dimensiones del cuerpo y del alma, de la alimentación, de la política inadecuada que señala Walker Percy en el prólogo con mucho acierto.

Y pasa como con La Picaresca en general, se ríe uno pero maldita la gracia. Maldita la gracia de la pobreza, de la miseria y de la incultura. Maldita la gracia de la locura y de la impotencia, pero nos reímos de lo que no tiene gracia realmente, porque es desgracia ajena y no nuestra aunque la naturaleza humana sea así, cuando nos caemos y doloridos de los golpes nos entra la risa, supongo que un acto reflejo pero es así.

En fin, literatura que alguien bautizó de retrete y que creí que iba a despertar mi lado más gamberro, porque cuando se lee algo así se está buscando algo. A la postre lo que ha despertado es mi conciencia solidaria, la rabia de que las cosas no sean ni vayan a ser nunca de otra manera.

Formalmente, nos encontramos ante una novela tan canónica que extraña que nadie pensara que no podría ser una obra maestra. Más de trescientas páginas que nos llevarán a la risa cuando deberían llevarnos al llanto. En la cubierta, un treintañero luce una gorra de cazador, chaqueta sahariana, sable de juguete y perrito caliente en la siniestra, que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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“30 años de programa Erasmus: concurso de microrrelatos”


Retablo del Amor, la Despedida y la Enseñanza

Clasificación: Relatos

Editorial: CEU

El “Retablo de la Avaricia, la Lujuria y la Muerte”, de Ramón María del Valle-Inclán tiene una pequeña coincidencia con esta selección de Microrrelatos que se han publicado con motivo del concurso para conmemorar los 30 años del Programa Erasmus.

Al igual que ocurriera con el retablo del gallego, todos y cada uno de los Microrrelatos presentan Amor, tanto a una ciudad y una cultura como a personas que van quedando en el camino porque una experiencia Erasmus tiene principio y fin y tiene una Despedida, dolorosa que transmite una Enseñanza, por cierto, una Enseñanza con E de Erasmus y con E de Europa como bien se nos recuerda en uno de los relatos. En concreto, “Mi 23”, de Veronica Hristova Hristova.

Una experiencia <Que nunca vas a olvidar> Como nos recuerdan los versos de Astrid Hohner.

Esto en lo relativo al camino de fuera a dentro. En el trayecto inverso está ese viaje “A vuelo de pájaro”, de Ana González Herrero que ha logrado el primer premio por ese sueño hecho realidad. También esa pequeña pesadilla de la que no se arrepiente José Zurera Jalón aunque tenga el sabor agridulce de todo lo que quedó en el camino. París es mucho París y Roma es el despertar más místico para Yolanda Puerto Gutiérrez, un despertar que abre horizontes, esperanzas y que siempre aportará una enseñanza, la que aportó Madrid, como trampolín y la que aportó Roma que queda oculta y sin embargo, está ahí.

Leyendo esta reseña se puede disfrutar de un ejemplar que no sé si estará realmente disponible en el Centro de Documentación Europea de la Universidad CEU-San Pablo. Por eso me he extendido más de la cuenta, ya que una reseña debería ser una condensatio, un breve resumen que aquí se convierte en amplificatio con el riesgo de ser un poco peñazo. Para mi consuelo, el prólogo de Ascensión Gil Martín, auténtica Alma Mater de esta edición que no se deben perder, también excede en algo la longitud de algunos relatos. Hemos elegido como imagen la de los tres premiados, aunque la ilustración sea otro de los grandes aciertos del libro, color y buen gusto a cargo de Laura Martínez Molero y Marta Rubio González. Que los disfruten.

Adolfo Caparrós

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“La biblioteca de los libros rechazados”, de David Foenkinos


Homenaje al fracaso

Clasificación: Novela

Editorial: Alfaguara

Gusta la idea de partida de la novela que hoy recomendamos. Un día, una editora cazatalentos visita una pintoresca biblioteca compuesta por libros que nunca se han publicado.

Buscando aquí y allá encuentra uno realmente bueno y decide que se publique. Frente a las objeciones que podría tener la idea saca un buen número de argumentos a favor del libro rechazado.

Se citan así un buen número de obras maestras que también fueron rechazadas de inicio y luego han sido consideradas obras maestras. Por ejemplo, “La conjura de los necios” o la saga “A la búsqueda del tiempo perdido” Es así como se nos introduce en un juego intertextual en el que me he sumergido de lleno con la lectura adicional de “La conjura de los necios”

Si alguien más se animara debe saber que lo considero un acierto ya que hay un innegable diálogo con las obras que se citan. Al acometer la Literatura Comparada se abren canales de lectura especialmente agradables e interesantes. Leer “La conjura de los necios” una novela que siempre me llamó la atención pero que no había terminado de acometer a la luz de esta novela supone un plus de información y la posibilidad de disfrutar de ese juego intertextual que propone Foenkinos. Como digo, a mí me está resultando especialmente interesante.

La novela nos lleva a conocer varias historias que van encajando como las piezas de un puzle. Tienen en común que todos ellos están relacionados de un modo u otro con el universo de ese libro que estaba destinado al olvido y que ahora es rescatado.

Anticipo que se trata de un libro que guarda una sorpresa final que, desde luego, a mí me he sorprendido mucho. Enlaza en esto, de algún modo, con las lecturas policíacas que se estaban acometiendo en el Club de Lectura. Es un toque de ingenio que merece la pena así que, insisto, se trata de un libro que hay que leer hasta la última página. De no hacerlo así, perderemos uno de los grandes alicientes de esta novela.

Formalmente, nos aproximamos a un tempo muy francés. Es decir, no trepidante pero tampoco lento. Una especie de andante que se desliza fresco y sutil y que avanza sin prisa ni pausa. En la cubierta, un mosaico que representa a varios de los personajes principales de la trama. Un dramatis personae que nos lleva al más tradicional género dramático. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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“Versos envenenados”, de Francisco Javier Illán Vivas


Negra e intertextual

Clasificación: Novela Policíaca

Editorial: M.A.R.

Mucho sospechamos que la clave diferenciadora definitiva para que la novela que hoy presentamos quedara finalista de VII Premio Wilkie Collins de Novela Negra fuera la erudición.

Es decir, que leyendo estos versos envenenados estamos leyendo a los principales poetas de Murcia, estamos leyendo a Luis Alberto de Cuenca, estamos leyendo a Rubén Darío, a José Zorrilla; estamos escuchando boleros o Rock; estamos viendo y leyendo Conan el bárbaro…

Por supuesto, estamos leyendo una novela con entidad y personalidad propias que nos acerca a otras obras. Y ahí, encontramos un trío en el que hay dos serpientes venenosas y una ofrenda propiciatoria. En realidad, varias víctimas propiciatorias pero dos o tres, especialmente relevantes.

Así, Marta y Carmen pueden ser dos amigas inseparables o dos rivales que luchan a muerte –muerte literal, en este caso- por esos hombres de usar y tirar.

Auténticos esclavos que se rinden a la belleza y juventud de las dos amigas. Ni siquiera el más trabajador e independiente es capaz de resistirse a la visión de un seno que le va a costar la vida.

Por lo tanto, Francisco Javier Illán Vivas, si se ha captado bien el mensaje, reconoce -al igual que quien esto escribe- que la inteligencia femenina y las armas de mujer son mucho más poderosas que las masculinas. Que en esa disputa feminista que se ha recrudecido con gritos de guerra que todos conocemos, los varones tenemos la batalla perdida desde el minuto cero.

Todo lo escrito nos pone ante una novela de rabiosa actualidad. Una novela que también tiene datos históricos que nos trasladan al escenario del 11M y a la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, saltos que también nos pueden llevar al fin-de-siglo que viviera en su día Rubén Darío o a una biblioteca que sirve de punto de encuentro para algo más que la Literatura.

En definitiva, una Literatura muy ágil, ligera en sus trepidantes 185 páginas, con una intriga que se mantiene hasta la última página en la que ya se sacia esa sed de quedarse con ganas de más. De alguna manera parece leerse entre líneas un <Continuará> que tranquiliza la curiosidad de ese final abierto y magistral. En la cubierta, dos sierpes que quedan enlazadas en un infinito del mal, un ocho tumbado que tiene fondo negro y el naranja de los condenados a muerte. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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