“Orgía sin mí”, de Fernando López Guisado


Después de la crisis de los 40

 Clasificación: Poesía

Editorial: Vitruvio

En uno de los últimos poemas “Maneras de hacer un zumo” se explica, como decía un amigo, con palabras bonitas, la manera de hacer poesía. No sé si es exactamente en ese poema en el que se dice que la poesía es siempre verdad. Al menos, la verdad del poeta aunque juegue a provocarnos con una mentira, como esa noche de sexo con una actriz que se canta en “Sexo con una actriz” y que resulta ser solamente una provocación.

En fin, que la orgía sin mí es la orgía que disfrutan otros mientras uno baña a sus hijos lamentándose de sus errores o paseando por el Retiro mientras se ve a los corredores en ropa deportiva, ceñida, provocativa y se piensa que algún día serán otros quienes miren a tu hija con la mirada sucia.

Y ahí, otra de las paradojas, un Madrid que cansa, que molesta pero al que no se puede dejar de cantar porque es tu vida, tu verdad que es la única verdad que puedes escribir.

Otra paradoja, decir adiós a Drácula –recuerden “Rocío para Drácula” cuando es tu hijo, un hijo al que quieras o no, le debes mucho. Un hijo al que, suponemos, se le dice adiós con dolor, con resentimiento pero también con amor.

Y eso es lo que son los poemas de “Orgía sin mí” amor y desamor, sentimiento, pero esta vez no trágico. Entiendo que se trata del sentimiento de quien ya pasó la fiebre de los 40 cantada en “40 no es un mal número” y dedicados por el autor a él mismo, quien ya la cagó echando por tierra todo lo que se ha construido en esos años y vive la soledad, el frío del otoño que aproxima ese mes de noviembre de “Hallowen” otro de los poemas que aparecen en los compases finales.

Para los lectores de Fernando López Guisado, “Orgía sin mí” va a suponer una evolución, madurez, reposo, otro tempo y una música más cercana a Blas de Otero que a “La Guerra de las Galaxias” A mí me ha llegado y puede que a muchas lectoras y lectores también. En ese sentido, decía Julio Cortázar que hay lectores macho y hembra, él lo decía así. Hay un diálogo curioso de Fernando López Guisado con sus lectoras. Sabe de antemano que hay poemas rompedores, irreverentes, políticamente incorrectos pero como él mismo dice, ya ha llegado un punto en el que le importa menos lo que se diga de él.

Formalmente, se trata de un libro de poesía canónico, casi 150 páginas para leer con cierta pausa. Yo diría que incluso para releer y volver a ellas de vez en cuando. Igual que se vuelve a la música, la poesía tiene algo de eso. En la cubierta, ropa interior de mujer y una rosa desojada que recuerdan que otros viven otras realidades.

Adolfo Caparrós

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