“Versos envenenados”, de Francisco Javier Illán Vivas


Negra e intertextual

Clasificación: Novela Policíaca

Editorial: M.A.R.

Mucho sospechamos que la clave diferenciadora definitiva para que la novela que hoy presentamos quedara finalista de VII Premio Wilkie Collins de Novela Negra fuera la erudición.

Es decir, que leyendo estos versos envenenados estamos leyendo a los principales poetas de Murcia, estamos leyendo a Luis Alberto de Cuenca, estamos leyendo a Rubén Darío, a José Zorrilla; estamos escuchando boleros o Rock; estamos viendo y leyendo Conan el bárbaro…

Por supuesto, estamos leyendo una novela con entidad y personalidad propias que nos acerca a otras obras. Y ahí, encontramos un trío en el que hay dos serpientes venenosas y una ofrenda propiciatoria. En realidad, varias víctimas propiciatorias pero dos o tres, especialmente relevantes.

Así, Marta y Carmen pueden ser dos amigas inseparables o dos rivales que luchan a muerte –muerte literal, en este caso- por esos hombres de usar y tirar.

Auténticos esclavos que se rinden a la belleza y juventud de las dos amigas. Ni siquiera el más trabajador e independiente es capaz de resistirse a la visión de un seno que le va a costar la vida.

Por lo tanto, Francisco Javier Illán Vivas, si se ha captado bien el mensaje, reconoce -al igual que quien esto escribe- que la inteligencia femenina y las armas de mujer son mucho más poderosas que las masculinas. Que en esa disputa feminista que se ha recrudecido con gritos de guerra que todos conocemos, los varones tenemos la batalla perdida desde el minuto cero.

Todo lo escrito nos pone ante una novela de rabiosa actualidad. Una novela que también tiene datos históricos que nos trasladan al escenario del 11M y a la victoria de José Luis Rodríguez Zapatero, saltos que también nos pueden llevar al fin-de-siglo que viviera en su día Rubén Darío o a una biblioteca que sirve de punto de encuentro para algo más que la Literatura.

En definitiva, una Literatura muy ágil, ligera en sus trepidantes 185 páginas, con una intriga que se mantiene hasta la última página en la que ya se sacia esa sed de quedarse con ganas de más. De alguna manera parece leerse entre líneas un <Continuará> que tranquiliza la curiosidad de ese final abierto y magistral. En la cubierta, dos sierpes que quedan enlazadas en un infinito del mal, un ocho tumbado que tiene fondo negro y el naranja de los condenados a muerte. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós

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