UN DÍA REDONDO


<Mi vida es un erial

flor que toco se deshoja

que en mi camino fatal

alguien va sembrando el mal

para que yo lo recoja>

Gustavo Adolfo Bécquer

 

¿Quieren tener un día redondo? Yo claro que sí. Esta mañana lo tenía todo preparado para el nuevo horario de verano, mi maletín, mi libro para el camino, el jersey por si el conductor del autobús lleva el aire puesto…

Salgo de casa, el autobús parado, un jovenzuelo vuela hacia él, parece que espera por su carrera, aprieto a correr con todas mis fuerzas hasta alcanzar ese bus que como el horario es de verano no puedo perder.

Pregunto al conductor: “¿Este va a Madrid?” Me contesta que sí, y que todos los que son nuevos van hacia Madrid. Entre risas le comento, “yo que sé, si me he subido a bulto, como los furtivos”
¿Me podía pasar algo más?

Llego al final del autobús dándole vueltas a mi respuesta. “Encima de que me ha esperado el hombre ahora se creerá que soy cazador, yo que no he matado una mosca, bueno, algunas, sobre todo, mosquitos, porque hay que ver cómo tiene la jefa el despacho, parece el invernadero de la Estación de Atocha, y así, claro, casi todos los días uno.

Un día, pegué un tortazo a la mesa y dije que había un mosquito, ella me dijo: “Eso es de las gafas, que no ves bien…” Se fue a comer, y vuelve el mosquito a escena, esta vez no se me escapa. ¡zas!

Cuando vuelve de comer, le presento al mosquito agonizante que dice sus últimas palabras:

(Con voz de mosquito)
“Con habilidad notoria,
Me has dado muerte, lo sé.
Sólo un ruego a mi memoria,
Que la esquela mortuoria,
La publique el ABC”

¿Podría pasar algo más?
Pues sí, ya que dándole vueltas a la cabeza, encuentro por fin un sitio en el autobús, atrás del todo. Con la carrera y el jersey, me ha dado una calorina que te mueres, y el conductor no ha puesto el aire, así que me saco el jersey y un señor muy amable que me ve, abre la ventanilla. Enfilamos la carretera de La Coruña con el relente de la madrugada, y ya no es que tenga frío, ya es que me va a dar la tos.

Por fin llegamos a Madrid, con tiempo de sobra, de algo me tenía que servir ser previsor, ¿podría pasarme algo más?
Decido ir dando un paseo hasta el trabajo, total, son poco más de diez minutos de camino. Entre la caminata, el frío que he cogido, y el cafetito de la mañana, se me empieza a aflojar el estómago. Cuanto más rápido voy más se afloja. Si paro, mucho peor…
Llego al trabajo casi con la sirena puesta, eso sí, casi un cuarto de hora antes de las 8:30, más que entrar, irrumpo en el cuarto de baño, y ahora escribo plácidamente, hasta que entra la una persona por la puerta y me mira con reprobación, se acabó la historia, y se acabó el día redondo.
Feliz día a todos y que no esté cerca alguien que os quiera hacer algún mal.

Por Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s