Elegías amatorias, de Albio Tibulo


Los clásicos lo son por algo
Clasificación: Poesía
Editorial: Cátedra / Letras Universales 496Elegías amatorias, de Albio Tibulo

Recuerdo que allá por mis inicios como crítico literario escribí sobre la importancia de leer a Jenofonte, otro clásico de esos que dejan con la boca abierta y la quijada colgando a quien le pregunta qué ha leído este verano.

Evidentemente, son lecturas arqueológicas que no reflejan nuestro mundo ni la realidad de nuestro día a día. Sin embargo, nos demuestran que el amor, los celos, la impotencia de no conseguir a la persona que se quiere, la envidia de quien logra ese amor por su cuenta corriente -entonces no había bancos pero sí había dinero- siguen tan vigentes hoy en día como hace más o menos dos mil años.

Por otro lado, nos trasladan a un mundo tan distinto del que vemos hoy al salir o no salir a la calle -porque con la televisión e Internet es la calle la que entra en nuestras casas- que nos ayudan a darnos cuenta de cómo han cambiado muchas cosas también.

En el libro segundo hay una serie de alabanzas a Mesala -el jefe de Tibulo, para que nos entendamos- que hoy en día serían tenidas, como mínimo, de peloteo. Y sin embargo, no tiene uno la sensación de que sean versos que no salgan de sentimientos reales. Lo que vengo a entender es que la fidelidad a los jefes en aquella época era absoluta. Se valoraba y se besaba por donde ellos pasaran sin rechistar. También hay que decir que Mesala fue uno de los grandes estrategas de la Antigua Roma y que -como bien explican Juan Luis Arcaz y Antonio Ramírez de Verger en el amplio y siempre interesante estudio previo- debió de ser uno de los mejores líderes de la época al igual que Julio César que al parecer también era muy generoso con los suyos.

Los versos de estas elegías arcaicas tienen un ritmo muy marcado y gusta leerlas en voz alta porque casi salen cantadas. Igual pasa con La Iliada y La Odisea, otras dos obras que no debería nadie dejar de leer. Al menos algún fragmento en voz alta para disfrutar de un ritmo que me encanta y que es una pena que no se dé en la poesía actual. Es verdad que cuando lleva uno muchas páginas se hacen un poco monótonos pero a mí me agradan. Remito al estudio erudito de este tipo de verso que ofrece la edición para que los más expertos o interesados en la materia ahonden en la cuestión.

También es una edición ideal para los estudiantes de letras clásicas en general y en concreto los de latín ya que la edición es bilingüe y aporta una buena traducción que es lo que siempre ofrece Cátedra. De hecho, el nombre de la editorial ya anuncia su finalidad didáctica y, en este caso, es evidente.

En definitiva, un gran libro ideal para, ya digo, sorprender a los compañeros con una lectura erudita, rebuscada y de primer nivel. El tamaño es algo contundente para una edición de bolsillo pero no el peso. Fácil de trasportar y eso sí, con la letra algo pequeña para los que tenemos ese problemilla. En la cubierta, El triunfo de Venus, un cuadro de François Boucher que no puede estar mejor elegido dado el contenido amoroso de gran parte del libro. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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