Siete casas vacías, de Samanta Schweblin


 
Esto sí es real

Clasificación: Relatos
Editorial: Páginas de EspumaSiete casas vacías, de Samanta Schweblin

Los telediarios, alarmistas de por sí, suelen dar una imagen terrorífica de la enfermedad mental. Suelen ser asociados a asesinos sin sentimientos que suelen llevar una coletilla similar a esta: <se encontraba bajo tratamiento médico> o similar. Es cierto que hay casos así, qué duda cabe, pero mucho me temo que la realidad de la salud mental está mucho mejor reflejada en tres buenos libros sobre la materia.

El primero, sin duda, Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Una auténtica génesis de la enfermedad en la que se ve claramente como este tipo de dolencias suelen tener una parte endógena y otra exógena. Es decir, que cuando la gente se da cuenta de la debilidad mental de otra persona suele aprovechar la ocasión para reírse un rato y, de paso, agravar la enfermedad.

El segundo es Concierto para instrumentos desafinados, de Juan Antonio Vallejo-Nájera. Él era un buen novelista y consiguió un Premio Planeta por Yo, el Rey, un libro que leí con mucho gusto. Después leí su Concierto para instrumentos desafinados y la segunda parte de Yo, el Rey, titulada Yo, el intruso. En el concierto mencionado los instrumentos estaban desafinados por la enfermedad que aquejaba a los protagonistas de cada uno de los relatos. Es un libro magistral que lamentablemente no se ha leído todo lo que se merece.

El tercero de esta saga es mi recomendación de hoy, les recuerdo, Siete casas vacías, de Samanta Schweblin –Editorial Páginas de Espuma- Se trata de una serie de relatos protagonizados por personas que no rigen correctamente. Tienen sus manías, sus obsesiones y, principalmente, miedos. Por ahí sí que encuentro reflejados correctamente algunos casos de enfermedades mentales vividos más de cerca. Por eso he subtitulado con un <Esto sí es real> porque veo mucho más realidad en los relatos que han obtenido este Premio Internacional Narrativa Breve Ribera del Duero que en los casos contados que puedan salir en los telediarios. No dudo de su realidad pero creo que estadísticamente son más relevantes los relatados en el libro que los del telediario.

La autora argentina se presenta así como una gran forjadora de personajes que quedan bien definidos de manera que nos llegan al corazón. Es especialmente difícil conseguir esta profundidad psicológica en relatos breves. Se consigue a costa de que las acciones nos sean especialmente intrigantes. No hace falta, porque lo que nos intriga son los personajes, sus problemas, lo que sienten y lo que pasa por sus cabezas. Por eso el libro nos va a atrapar sin necesidad de grandes tramas.

Formalmente, es un libro de algo más de cien páginas, de letra amigable, blancos bien tratados en los que, dentro de tratarse de relatos cortos, encuentra uno unos asteriscos que marcan pausas que ayudan al lector, especialmente, al que lee en transporte público. La cubierta en este caso es mate y presenta la imagen distorsionada por la lluvia en el cristal de un coche de una mujer de mirada muy triste, protagonista del primer relato. Los colores apagados, y la imagen distorsionada por la lluvia se me antojan una representación muy adecuada al contenido del libro. Que lo disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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