Perros de verano, de Josa Fructuoso


 
Clasificación: Novela histórica
Editorial: EgalesPerros de verano

Además de Sant Jordi y de la Feria del Libro, otra de las características de la primavera es que se conceden y publican la mayoría de los premios literarios para que salgan a la venta en estas dos auténticas fiestas del libro.

Así, la novela que hoy recomendamos, Perros de verano, de Josa Fructuoso –Editorial Egales- ha obtenido el IX Premio Fundación Arena de Narrativa LGTBQ.

El entorno histórico es el del la decadencia del franquismo y la vida de una familia española en Francia. La tranquila vida de los cuatro miembros se ve trastocada por la irrupción de Marina, una chica española que se ve expulsada, primero del colegio mayor y después de varias facultades de derecho por sus ideas revolucionarias.

Dentro de este contexto emerge la historia de amor entre dos mujeres, Julia –hija menor del matrimonio que acoge a Marina- y la propia Marina. Es decir, se trata de un amor entre mujeres que complica de alguna manera el tratamiento de la historia.
Y es ahí donde destaca especialmente la figura de Josa Fructuoso porque aborda esa historia de amor con dos señas de identidad que hacen que el relato esté muy bien llevado según mi modesta opinión.

La primera, la naturalidad. Un tema tan delicado podría haber sido llevado desde una óptica frívola o excesiva que no van a encontrar los lectores que se acerquen a la novela que hoy recomendamos. Evidentemente, si la historia que se relata hubiera sido entre un chico y una chica habría sido tan habitual en la oferta literaria del momento que no habría más que disfrutarla. Por cierto, una lectura bastante acorde con la estación en la que entramos, la primavera. Considero que la naturalidad con la que la autora aborda la cuestión consigue que la óptica sea similar.

Otra, la sensibilidad. No me refiero a la ñoñería, ni a un tipo de lectura de nubes de algodón y color de rosa. Me refiero al acierto con el que se relatan los sentimientos de estas dos chicas al sentirse atraídas por otra chica. Cómo se van comunicando, tanto una con la otra como con ellas mismas ya que algo así supone, lo primero, una sorpresa en la consciencia de la naturaleza que, evidentemente, provoca una serie de monólogos internos que hay que relatar con el tino de Fructuoso para que quede así de bien llevado.

No quisiera demorarme demasiado profundizando más en aspectos que podrían desmontar la historia o hacer que esta perdiera la chispa, el interés y la novedad que son las gracias principales del relato. Por lo tanto, invito a los lectores que tengan interés en que se acerquen a su librería o biblioteca de confianza y que emprendan la lectura para descubrirla por sí mismos.

El aspecto formal es el de una novela manejable, no muy pesada, con una letra amigable y cómoda de leer en la que destacan especialmente la calidad del papel y el tacto satinado de las pastas que hacen que sea muy agradable llevar el libro en la mano. En la cubierta, destacan los tonos amarillentos de las fotos antiguas. Dos imágenes presiden la edición, el símbolo por excelencia de París desde que está allí. Nos referimos, cómo no, a la Torre Eiffel y una chica de mirada enamorada que no puede ser otra que la de Marina, la protagonista. Que la disfruten.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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