La vida que pensamos: cuentos de fútbol, de Eduardo Sacheri


Clasificación: Cuento

Editorial: Alfaguara La vida que pensamos, de Eduardo Sacheri

 

Eduardo Sacheri, por sí mismo, quizá no les diga nada, pero en cuanto mencionemos una película que ha dejado indudable huella entre nosotros –El secreto de sus ojos- en seguida van a dar un respingo al recordar aquella apasionante historia en la que, curiosamente, también había estadios. Pue sí, él es el autor de nuestra propuesta de hoy, La vida que pensamos: cuentos de fútbol –Editorial Alfaguara-

Hay cierta mala fama en el mundo de las letras para los aficionados al fútbol, recuerdo, por ejemplo, la célebre cita de Fernando Sánchez Dragó referente a que los lectores del Marca tenemos el encefalograma plano, o poco menos.

Entre las féminas, la cosa va a peor todavía. Les cuesta mucho comprender que alguien que tenga un mínimo de sensibilidad artística pueda mostrar ningún interés por veintidós individuos en paños menores.

A todos ellos –puristas varios y enemigos del deporte rey en general- les invito a que lean estos cuentos con los ojos de quien lee a Julio Cortázar –un autor al que estos cuentos podrían recordarnos- o a un autor tan exigente como Jorge Luis Borges. Olvídense de la pelota, de los jugadores, de los saques de esquina y de todo lo demás y vivan estas historias como cualquier otro cuento que tratara otros temas. Algo parecido recomendaría a los lectores de la Biblia, un libro que se puede disfrutar literariamente al margen de sus connotaciones religiosas.

De esta manera, descubrirán el profundo sentimiento y la cantidad de enseñanzas y valores que aporta algo, en principio, tan peregrino como el balompié.

Mi favorito, titulado “De chilena” me ha puesto los pelos de punta y nos aporta una enseñanza valiosísima. No debemos rendirnos bajo ningún concepto hasta que la lucha hay terminado definitivamente. Así ocurre cuando en un partido que había que ganar o empatar y que se va perdiendo ya por uno a cero, te encuentras con un penalti en contra a falta de muy poquito tiempo para el final. Aquí hacía falta la figura de ese hermano que zarandea al otro –el cancerbero- y le promete con toda la fe del mundo que si para esa pena máxima él se encarga de empatar el partido. Es tanta la fe y la confianza con la que lo dice que se obra el milagro. Uno ataja el lanzamiento y en la siguiente jugada se origina un saque de esquina que culmina en una chilena histórica que aporta un título –tanto para un equipo como para un cuento- Esa enseñanza se repite años después en una operación a vida o muerte en la que el mensaje vuelve a ser el mismo, hasta que no le vean a uno en el hoyo, no deben darle por muerto.

En definitiva, todos los cuentos del libro cumplen una máxima del género, el aportarnos la célebre moraleja que justifique la historia. Me ha gustado mucho “Motorola”, un cuento que nos enseña que por más que nos empeñemos en no querer a algo o a alguien, por más que la cabeza nos diga que no tiene sentido, que todo es un engaño y que se están aprovechando de nosotros, los sentimientos son incontrolables y no podemos dominarlos. Así, después de estar todo el cuento convenciéndose de que el fútbol es una gran mentira, el entrañable taxista Abelardo Celestino Tagliaferro se dice a sí mismo que lo importante no es lo que uno ame o deje de amar sino cómo lo hace. Con su equipo recién descendido a la categoría B tiene la valentía de agarrar la bandera de su equipo y anudarla a la espalda antes de llegar a la parada de taxi y recibir un sinfín de bromas y pullas de sus compañeros. Otra gran enseñanza eso de no avergonzarse de las cosas y las personas que uno quiere.

Podríamos seguir pero dejo al gusto de cada lector su propio subrayado sobre los cuentos que más le vayan gustando a cada uno. Solamente diré que son unos cuentos muy apropiados para abrir un debate, con lo cual, se antojan una buena lectura para un comentario de textos en una clase del viernes, por ejemplo.

El formato es más de novela que de cuento ya que estamos hablando de más de veinte relatos. Preside la cubierta otra invitación evidente a la tertulia, una taza de café que va dibujando balones con esas manchitas tan típicas que origina el líquido derramado. Que tengan una buena lectura.

 

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

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