Una madre, de Alejandro Palomas


Nochebuena en agosto
Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y LiteraturaUna madre, de Alejandro Palomas

Según pasan los años y va uno confirmando, o rebatiendo, teorías que se van formando a lo largo de una vida, si hay una que se va confirmando una y otra vez es la que propone el libro que hoy recomendamos, Una madre, de Alejandro Palomas –Editorial Siruela / Nuevos Tiempos-

Nos referimos a que una madre siempre querrá lo mejor para sus hijos, con acierto o sin él, hará todo lo posible para que su familia sea una balsa de aceite. Que los más perjudicados tengan sus momentos de satisfacción que los que salgan mejor parados ayuden a los que menos. En definitiva, todas las madres se verán reflejadas en Amalia.

Amalia esa madre que prepara con afán, esmero y preocupación una humilde cena de Navidad en un piso de protección oficial con la ilusión de ver junta a su familia.

Por eso la Navidad es tan importante, por eso las madres sacrifican su tiempo, su dinero y su esfuerzo año tras año, por la simple ilusión de ver a la familia feliz alrededor de la mesa.

Por una Nochebuena feliz y en armonía la mayoría de las madres españolas sería capaz de ofrecer años de su vida, creo que muchos lectores estarán de acuerdo y esa es la fuerza de la novela de Alejandro Palomas, que uno se siente un poco en el salón de su propia casa o en el salón de la casa de muchas de las familias que conoce.

Pero el universo del libro abarca mucho más. Unos hermanos que, como las antiguas cintas de música tienen cara A y cara B. El libro aporta una filosofía que parece de andar por casa pero que aporta mucho.

Se repite una y otra vez en el libro que lo que somos hoy está en función de lo que fuimos e hicimos ayer. En este sentido, las heridas, los errores, el daño recibido, al fin y al cabo, nos va dejando cicatrices dolorosas sobre las que no puede volver a dar el sol.

Todos los hermanos tienen su herida, su historia, su cara A y su cara B. No voy a contar todas sus vidas porque será el propio lector el que irá descubriéndolas página a página, sin prisa pero sin pausa, nuevamente en un libro de estos que uno alarga para que no se le termine demasiado rápido, la historia de cada uno de ellos. Todas con algo en común pero todas con su propia circunstancia, con su propio dolor.

Querremos que el libro se alargue porque, y entramos así en los aspectos formales, sus algo menos de 250 páginas nos dejan, sin duda, con ganas de más. Como buena fiesta de Nochebuena, nos dará cada vez más pereza que la fiesta se acabe, querremos un último villancico, un nuevo cuento antes de acostarnos. Desde luego, Amalia consigue que salgamos de su fiesta encantados de haberla conocido, a ella y a su profunda familia a la que creo que recordaremos por una buena temporada. Sobre pastas de color crema y flexibles encontramos a una mujer con moño en una foto terrosa y también ocre, contrastan sobre ese fondo la cantidad de flores que cubren su rostros en un guiño a uno de mis pintores favoritos, Arcimboldo. Que la disfruten.

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