Y que se duerma el mar, de Gustavo Martín Garzo


Recreados con cariño

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  en Lengua y LiteraturaY que se duerma el mar, de Gustavo Martín Garzo

 

Son pocos los autores que me han convencido realmente a la hora de adoptar una sintaxis y un estilo diferente al estándar lingüístico de su idioma. En este sentido, el que más me ha gustado ha sido Juan Eslava Galán, tanto en El comedido hidalgo, como en Guadalquivir o en su novela premiada con el Premio Planeta, En busca del unicornio.

Sin llegar al mimetismo de Eslava Galán, la obra que hoy recomendamos, Y que se duerma el mar, de Gustavo Martín Garzo –Editorial Random House Mondadori / Debolsillo- goza de una prosa sensual y envolvente que nos transporta al Israel más cálido y misterioso. El Israel que protagoniza nuestras Sagradas Escrituras.

De hecho, la novela de hoy está bajo una de nuestras banderas favoritas, la de la intertextualidad, y en concreto, una de las más difíciles, que es la bíblica, ya que mejor o peor, es una literatura que a todos nos resulta familiar, con lo que tiene el lado bueno de que nos va a enganchar fácilmente, y el negativo de que, como casi todos la conocemos, si se hace mal va a detectarse enseguida.

Centrándonos en la historia, diremos que se trata de una recreación de la vida de la Virgen María, y aquí debemos hacer especial hincapié en que no es un tratado histórico, sino una novela, y como tal se debe tomar. Es decir, los textos auténticos son los sagrados. A partir de ellos, Gustavo Martín Garzo ofrece una recreación que humaniza y amplía lo que conocemos sobre La Virgen María.

Evidentemente, si el autor se hubiera ceñido a Las Escrituras, no habría aportado nada. Por ejemplo, un rasgo que da un matiz muy tierno y entrañable a La Virgen es que, en esta recreación, tiene un pequeño defecto en el brazo.

Consideramos que esta novela no tiene deseo ninguno de molestar ni blasfemar, y que los personajes bíblicos son tratados con cariño, quizás ahí radique el hecho que más pueda molestar a nuestros lectores más ortodoxos en ese exceso de confianza a la hora de escribir sobre las personas más sagradas de nuestra religión.

Por eso, la hipótesis de que María no sintiera una fascinación física por San José puede molestar a algunos de nuestros lectores, proponemos que si entienden que esto puede ocurrir acudan a otras recomendaciones, que son muchas las que se hacen a lo largo del mes.

Sin embargo, los más “progresistas” podrían tener curiosidad por leer un libro que recree los hechos narrados desde otra perspectiva, siempre que se tenga en cuenta, no me cansaré de insistir en esto, que se trata de una ficción. Entiendo que no ha estado en el ánimo de Gustavo Martín Garzo confundir a nadie en este sentido, ya que trata a todos los personajes con un cariño y ternura que nos lleva a pensar en algo escrito desde el amor y no desde el odio.

Hay que decir, además, que el autor de hoy es muy respetado y valorado en círculos que considero de exquisito paladar literario y tiene galardones de nivel incuestionable como el Premio Nacional de Narrativa en 1994, o el Premio Nadal en 1999 por Las historias de Marta y Fernando. Además, a un escritor que destaca en la faceta de literatura infantil y juvenil –obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en el año 2004 por Tres cuentos de hadas– se le supone un nivel ético y moral acorde con ese tipo de literatura.

En cuanto al aspecto formal, destacamos de nuevo las características de un libro canónico de bolsillo, tamaño suficientemente pequeño como para que podamos meterlo en un bolsillo, papel ecológico muy ligero, lo que le da un peso de auténtica pluma, y como único inconveniente, una letra un pelín pequeña que leeremos con gusto por la calidad literaria que atesora el libro. En la cubierta, un precioso carboncillo que nos retrata a una portentosa Virgen María, nada menos que la Madonna de la Silla, de Rafael (1447). Que la disfruten.

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