El cambio, de Richard Gerver


Cómo adaptarnos a la crisis

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  en Lengua y Literatura El cambio, de Richard Gerver

La hipótesis de partida del libro que hoy recomendamos, El cambio, de Richard Gerver –Editorial Conecta- es incuestionable. Consiste en hacernos ver que el mundo va cada vez más rápido y requiere de nosotros más cambios en menos tiempo. Por ejemplo, nuestros padres y abuelos tuvieron una tremenda estabilidad laboral. Después de algunos trabajos propios de la adolescencia, uno entraba en una empresa y no se movía de allí hasta el momento de la jubilación. Los que tenían un negocio propio tampoco. Los agricultores, ganaderos o pescadores vivían de sus tierras, sus reses o su barco toda la vida.

Parece que esto va cambiando nos guste o no, y ya se encarga el libro de recordarnos que generalmente no nos gustan los cambios porque nos sacan de nuestra zona de confort.

Sin embargo, el libro nos enseña que cuando sabemos adaptarnos a los cambios y encontrar en ellos una oportunidad para mejorar podemos sacar ventaja en estas situaciones. Por eso es tan importante un entrenamiento referente a la materia y que tomemos como modelo a personas especialmente hábiles en la adaptación al cambio. El autor, al ser británico, pone como ejemplo a Sir Alex Ferguson, auténtico gurú en lo relativo a la gestión deportiva y económica de uno de los clubes más poderosos del fútbol mundial, el Manchester United.

Me ha parecido especialmente interesante esta combinación entre deporte y trabajo que llega a su máximo exponente cuando cuenta un experimento en el que se crearon tres grupos de deportistas. El primero, entrenaba un setentaicinco por ciento lo físico y un veinticinco lo mental; el segundo, ambos aspectos al cincuenta por ciento; el tercero, un veinticinco por ciento lo físico y un setentaicinco por ciento los aspectos mentales. La conclusión consistió en que el grupo que obtuvo mejores resultados fue el que trabajó los aspectos mentales al setentaicinco por ciento, mientras que los aspectos físicos se entrenaban al veinticinco.

Suelo decir que estos libros son buenos en la medida que le ponen a uno en positivo, cambia casi hasta la manera de caminar y empieza a ver uno lo bueno de la vida. Solamente por eso ya es bueno leer libros de autoayuda pese a la mala prensa que tienen los mismos entre algunos puristas.

Lo que es evidente es que es una literatura que tiene su mercado y que se trata de un mercado en auge, frente a otro tipo de libros que va perdiendo interés para muchos lectores, aunque tengan más prestigio y palmarés. Por lo que a mí respecta, no por leer una gran novela o un gran clásico tiene que hacer de menos a ningún otro tipo de libro. Vuelvo a Quevedo, una vez más en esta tribuna, quien opinaba que no había leído ningún libro, por muy malo que fuera, del que no hubiera obtenido alguna enseñanza.

El aspecto formal es dinámico, con azules, rojos y verdes sobre un fondo blanco, en lo que parece ser una nube rodeada de flechas que van y vienen y que parecen relativas al viento que nos trae los cambios que comenta el libro. Por supuesto, el título no tiene nada que ver con el Partido Socialista ni la política, pese a que fuera el lema que diera el espaldarazo en su día a Felipe González.

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