La invención del amor, de José Ovejero


Literatura de alta gama

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  en Lengua y LiteraturaLa invención del amor, de José Ovejero

Dicen de Giovanni Papini que es un autor idóneo para la cita, de hecho, recuerdo a Luis Blanco Vila comentando que sus novelas parecen una sarta de frases lapidarias muy bien ensambladas. Sin llegar a eso, el libro que hoy recomendamos La invención del amor, de José Ovejero –Editorial Alfaguara- da muchísimo juego para la referencia. Es más, he aprovechado uno de esos párrafos lapidarios para colgarlo en mi muro de Facebook y crear un juego publicitario similar al que proponen las principales cadenas televisivas con sus series estrella.

En esa línea, hay dos autores de las letras en castellano que merecen, según mi modesta opinión, ser mencionados. Uno de ellos, flamante Premio Nobel de Literatura en 2010 entre otros muchísimos galardones, Mario Vargas Llosa. El otro, reticente siempre a los premios, Javier Marías. Junto con José Ovejero forman un trío de ases muy rentable a la hora de la cita. Esa referencia de autoridad que puede dar pie a un artículo, un ensayo, o a toda una novela si llegara el caso.

Y siguiendo por ese camino, me da la sensación de que José Ovejero tiene un tono, una sintaxis y una temática que le relacionan nuevamente con uno de mis atures de referencia, Javier Marías.

En esta novela, que puestos a mencionar galardones, ha obtenido el Premio Alfaguara de Novela 2013, se nos desglosan una serie de temas muy propios de Javier Marías -por ejemplo, en su obra cumbre, la trilogía Tu rostro mañana- con especial mención a la crisis de los cuarenta en varones y a las relaciones a tres en las que los hombres, por unas razones o por otras, están inmersos profundamente en la mencionada crisis de los cuarenta.

Haciendo justicia, todos estos motivos son muy habituales en la literatura y no me resisto a mencionar a otro de mis escritores favoritos, Michel Houllebecq, maestro él también en esa decadencia cuarentona en obras como por ejemplo, Las partículas elementales. Sin duda, es una literatura de muchísimo éxito, y llama la atención que más de lectoras que de lectores, cuando son estos últimos los que se podrían ver especialmente reflejados en sus personajes.

Pero el gran gancho de la novela es su argumento y casi no he tenido ocasión de comentarlo. Se trata de un hombre, Samuel, que es informado de la muerte de Clara, su amante. Se da la circunstancia de que el Samuel que protagoniza la novela no ha conocido a ninguna Clara en su vida, y sin embargo, se va adentrando en un juego de mentiras que le lleva a suplantar la personalidad del otro Samuel. Interesante, ¿verdad?

El aspecto formal vuelve a tener las ventajas de la novela estándar, no muy gruesa ni muy pesada, pero sí de letra cómoda, amplios márgenes y una lectura muy amigable, como se dice ahora, aunque me suene un poco raro. En la cubierta, nuestro protagonista se asoma a la terraza de su casa desde la que divisa una preciosa puesta de sol sobre Madrid. Una imagen que da bastantes pistas sobre el escenario principal de este relato. Que lo disfruten.

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