Martutene, de Ramon Saizarbitoria


Para lectores sin prejuicios

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  en Lengua y LiteraturaMaquetaci—n 1

 

Qué razón tenía don Pío Baroja cuando dijo aquello de “Los nacionalismos se acaban viajando” Con la afirmación puso punto final a una enconada disputa con don Miguel de Unamuno sobre el particular.

Digo esto porque está clarísimo que cuando conocemos a las personas que habitan en San Sebastián en este caso, o en Barcelona, o en Madrid, nos damos cuenta de que son tan humanos como cualquiera de nosotros. Tienen sentimientos e inquietudes tremendamente similares. Poner el énfasis en esos aspectos que nos igualan evitaría muchos prejuicios relativos a la hipotética maldad del madrileño, el catalán o el vasco.

Con nuestra propuesta de hoy Martutene, de Ramon Saizarbitoria –la falta de tilde en el nombre de pila viene por el euskera, que no las utiliza- -Editorial Erein-, tendremos ocasión de comprobar esos aspectos de la vida cotidiana en San Sebastián que nos acercarán, y mucho, a la cultura vasca.

A veces decimos que un autor perfila unos personajes excelentes, otras que es maestro en crear ambientes o que entreteje unas tramas apasionantes. Sin embargo, hoy nos resulta especialmente difícil destacar a Saizarbitoria en alguna de estas facetas en concreto, ya que, igual que podríamos destacar su maestría a la hora de meternos en la psicología de sus personajes, podríamos destacar cómo el propio día a día de ellos nos resulta igualmente interesante.

No son tramas excesivas, ni hay asesinatos, ni siquiera una tórrida historia de amor, y sin embargo, ese ir al trabajo, los típicos cotilleos de los compañeros, un realismo quizás un poco galdosiano, tomado en el sentido positivo, por supuesto, se nos mete entre ceja y ceja y nos atrapa con mucha fuerza. Les confirmo que cuando miren la página por la que van, se llevarán una sorpresa considerable. ¿Aceptan la apuesta?

Sí que hay un personaje, una joven americana que irrumpe como inquilina en el escenario principal de la novela, que supone ese extrañamiento imprescindible en toda historia. Extrañamiento que se extiende rápido al trabajo ya que la joven acepta un destino en el otro centro de atención de la obra, el hospital. Así, encontramos en ella un punto de atención que va a suponer un foco de interés, positivo para ellos, y origen de celos y enemistad, para alguna de ellas, aunque también tenga sus aliadas.

Los ambientes son otro de los aciertos de la novela. Hasta el punto de considerar que alguno de nuestros lectores puede plantearse seriamente la posibilidad de un viaje por allí en las próximas fechas teniendo en cuenta que se acercan las vacaciones. Otro reto que planteo, si alguno lo acepta, que comparta algún comentario.

El aspecto formal es contundente, más de setecientas cincuenta páginas que empezaremos no llevando en el transporte y que acabaremos acarreando porque nos hemos metido tanto en la novela que no podemos esperar a volver a casa para continuar la lectura. A cambio, una letra muy amigable, blancos que nos ayudan a descansar la lectura, incluso a encontrar la pausa idónea sin tener que hacer demasiadas señales, ya que están estratégicamente colocadas. Preside la cubierta el imponente caserón que servirá de escenario a toda la acción. Destacan, como no podría ser de otra manera, los verdes, los blancos y los rojos. Que la disfruten.

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