Comer en el Palacio Cibeles


“Ubi maior minor cessat”

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado
Doctor en Lengua y Literatura

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El latinajo con el que he titulado me lo enseñó un familiar muy querido al que tuve muy presente en la comida que disfrutamos ayer en el Palacio Cibeles de Madrid, excepcionalmente llevado por el Grupo Adolfo. Significa que cuando los grandes están en el uso de la palabra, los menores deben guardar silencio y apreciar la sabiduría de sus frases. Es de Julio César.

Por eso, hoy quiero arrancar con unas palabras de Javier Muñoz, hijo de Adolfo Muñoz que nos regaló este precioso brindis. “Mentir, robar, desear. Mentir para ayudar a un amigo; robar el corazón de la persona amada, desear que se repita el encuentro” Este brindis es la prueba de hasta qué punto están cuidados los detalles en este magnífico espacio.

Pero dirán nuestros lectores que qué hay de la comida. Pues la comida está igual de cuidada o más. Partiendo de la bebida, se confirma que los caldos preparados por Adolfo Muñoz nos llevarían a pensar más en un vinatero que en un cocinero. Advertimos que sería un error disfrutar de la cocina preparada en sus restaurantes con un vino que no haya salido de la misma mano, ya que maridan excepcionalmente hasta con el postre. Les reto a que lo intenten. De ahí que se nos ofreciera terminar el vino –después del postre, claro- antes de pasar a la terraza a tomar el café.

Dicho esto, la comida supone una progresión ascendente que puede partir con un jamón donde una de las claves está en el corte perfecto. Finísimas láminas de jamón que no tienen nada que ver con las imperfectas lonchas que cortamos en casa, eso sí, con toda la buena voluntad del mundo.

Unos aperitivos que nos anticipan la creatividad que se va a disfrutar después. Especial mención aquí para el gazpacho, no voy a desvelar más porque me cargo la gracia. Les aseguro que sorprenderá gratamente.

De ahí a una tempura de calabacín, que de algún modo cumple su función, ya que prepara el paladar para lo que va a venir después.

Un bonito a la plancha puede parecer algo muy normal, pero si se cuida al máximo el punto de plancha, la temperatura… y se presenta con unas flores comestibles. He aquí otra de las claves de la cocina del Grupo Adolfo, “todo lo que sale en el plato, se come” Así que no se corten y sigan el consejo porque posiblemente, una de las claves del plato esté precisamente en esa flor o ramita de romero que casi todo el mundo aparta. En este caso, la flor aporta unos matices picantes que recordarán a la cocina japonesa. Evidentemente, quien no la come, se pierde la gracia del plato. Otra de las claves es comerla mezclada con el pescado.

Parecía imposible superar un plato así, pero para Adolfo no hay nada imposible, ya que la presa ibérica posterior –igualmente al punto, sin preguntar, ya que entienden que hay que intentar, al menos, comerlo como es. Si no nos gusta, nos lo pasan más- venía acompañado de una misteriosa ramita de romero. Yo fui valiente y mezclé la carne con el romero. El sabor me transportó inmediatamente al campo, al monte, y desde luego, no dudé en pedir a los compañeros que se lo habían dejado, las ramitas sobrantes para disfrutar nuevamente la experiencia. Creo que los valientes –Silvia y yo- tuvimos premio ya que la carne, que estaba buenísima tal cual, con el romero se convertía en algo inolvidable.

La guinda la puso un postre que sirvió para culminar una gran experiencia. No son postres los de Adolfo excesivamente empalagosos, más bien sirven de aclarado para que todavía resuenen en la memoria los sabores disfrutados. Eso sí, si les gusta la canela, lo disfrutarán mucho.

Para el café optamos por salir a la terraza, otro de los grandes atractivos que no deben perderse. No dejen de llevar cámara de fotos porque sería imperdonable no sacar alguna en un entorno tan fotogénico.

Para el final he dejado lo mejor. Recuerdo que en mi adolescencia jugaba al fútbol en el célebre Spectrum, del que ha disfrutado buena parte de mi generación. Me estaba saliendo un partido memorable pero en un momento me paré y me dije “qué partidazo, pero no se está enterando nadie” Creo que fue la última partida que jugué en aquel ordenador. Por eso, lo que más especial hace una comida allí es el excelente trato de Isabel, de Diego, y por supuesto, de Javier. Sin ellos comer allí sería otra cosa. También lo habría sido sin la compañía de Silvia, de Mercedes y de Paco, gracias a todos ellos una comida se convirtió en una experiencia inolvidable, por lo menos, para mí.

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