Don de lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann


El castellano como prueba

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y LiteraturaDon de lenguas

 

Aunque en la colección Policiaca, Don de lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann –Editorial Siruela- tiene tanto de novela histórica como de negra o policiaca. Es más, me atrevería a decir que no debería encasillarse demasiado en ningún estilo ya que tiene mucho de novela a secas.

La presencia del castellano como fuente de investigación policial y de las cartas como prueba nos recuerda que uno de los grandes patrimonios que tenemos en este momento es ese mismo, el castellano. Por lo tanto, una novela como la que hoy nos ocupa nos ayudará a valorar en su justa medida el conocimiento de nuestra lengua y de sus peculiaridades.

No en vano, ambas autoras son filólogas y se nota en la forma de escribir y de argumentar la trama.

La obra es una delicia metaliteraria –es decir, literatura que versa sobre la literatura- en la que hay referencias intertextuales –esos diálogos que se entablan en la obra que se está escribiendo con otras obras y con otros autores- y no sólo referencias literarias, sino también lingüísticas que lejos de suponer complicadas reflexiones nos acercan al idioma de manera lúdica, lo que convierte a este libro en la lectura idónea para estudiantes de secundaria quizás no como lectura obligatoria, pero sí como lectura lúdica para el entretenimiento, por ejemplo, en las próximas vacaciones.

La trama parte del asesinato de una mujer de la alta sociedad catalana. Por la proximidad de un encuentro ecuménico en Barcelona, las autoridades deciden dar la exclusiva de la información al periódico La Vanguardia para que la sociedad sea testigo del esfuerzo policial que se está realizando para solucionar el caso. A este respecto, la fecha de caducidad coincide con la del encuentro ecuménico. Para entonces el caso tiene que estar resuelto.

Es en este contexto en el que aparece Ana, la intrépida reportera de La Vanguardia que junto con el inspector Castro formarán una pareja muy interesante desde el punto de vista literario para resolver el caso.

A la sombra, otra mujer, Beatriz –prima segunda de Ana- aportará sus conocimientos filológicos y su intuición femenina para ir ganando paso a paso el interés de los lectores.

Como habrán podido apreciar, otra de las características de este libro es que está enfocado a todos los públicos, diría que especialmente, el femenino. Unas mujeres intrépidas y heroínas que desde Tirso de Molina -o Fray Gabriel Téllez, como prefieran- hasta Benito Pérez Galdós o Pío Baroja han tenido cierto protagonismo en nuestras letras.

El aspecto formal nos remite a una novela de manual, tamaño absolutamente estándar, tipo de letra y tratamiento de los blancos muy correctos, los propios de la colección Siruela / Policiaca. La fotografía en blanco y negro acerca el diseño al género negro y es también una seña de identidad de la colección. En este caso, presenta a una mujer joven encendiendo un cigarrillo en el banco de un parque. El juego de luces y sombras provocado por la llama del encendedor nos recuerda a la pintura barroca de la escuela española. Que la disfruten.

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