Robespierre, de Javier García Sánchez


Humanizar al monstruo

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y LiteraturaRobespierre

Si buscamos una novela que tenga un alto contenido histórico y abundantes referencias filosóficas y políticas. Una novela escrita casi como un ensayo en la que los diálogos son escasos y la narración detallada y profunda, esa obra es Robespierre, de Javier García Sánchez –Editorial Galaxia Gutenberg-

Como su título indica, esta obra narra la llegada a un París en constante pie de guerra de un joven provinciano que va a conocer personalmente a las dos personas más temidas de ese periodo de la historia universal que se conoce bajo el epígrafe de “El Terror”, con mayúsculas porque es el terror por excelencia.

Cualquier lector que lea el arranque del libro se sobrecogerá, aunque sea un poquito, ante la dilatada descripción de la temida guillotina, conocida en aquel entonces como “Ella”. Cuenta el narrador que la ciudadanía pasaba a su lado casi sin mirarla, bajando la cabeza y con el temor constante de pasar por su hoja.

Sebastien, nuestro protagonista narrador, relata con detalle las horrorosas pesadillas recurrentes en las que despertaba bañado en sudor y agarrándose el cuello.

Paradójicamente, los dos hombres más temidos del momento, el propio Robespierre y su mano derecha, Saint-Just, pasados ambos por el tamiz de quien les conoció en distancia corta, nuestro omnipresente Sebastien, se humanizan. Los dos tienen gestos de cariño y buenos consejos para un escribano huérfano, de diecisiete años, que viene a ganarse la vida a su lado.

Aviso a nuestros lectores de que Robespierre es una obra exigente que nos hará consultar el diccionario o ir desentrañando el sentido de las palabras, la gran obsesión del protagonista, “La Palabra”, a la que también denomina en mayúsculas, por el contexto en el que están escritas. Así, se propone esta obra a quienes quieran adquirir abundancia y precisión en el vocabulario. Es una propuesta que enriquecerá, sin duda, a la mayoría.

También su estilo, de párrafos largos y exigentes, ya poco habituales en la novela contemporánea, principalmente escrita en lenguaje periodístico, suponen una aportación digna de ser agradecida por salirse del “sota, caballo y rey” dominante.

Si hace unas semanas decíamos que la novela histórica no es historia científica, hoy podemos destacar el afán de ser fiel a los hechos y un interés tremendo en transmitir sensaciones, ideas y costumbres que, si no científicas, sí tienen una aproximación tremenda a la realidad.

Formalmente, se trata de un tomo macizo en el que sorprende que la letra no sea demasiado grande, aunque sí de fácil lectura. Tapa dura y más de mil páginas nos garantizan una buena inversión en el ratio precio-horas de lectura, que en el fondo, es lo de menos. Lo que más destaca es la calidad de sus páginas, muy bien escritas. Con seguridad, el trabajo que ha tenido que realizar Javier García Sánchez para documentar y escribir esta novela no tiene precio y se antoja muy dilatado en el tiempo. En la cubierta, un retrato del temido Robespierre que a simple vista pasa por un hombre elegante, bien peinado y aseado que en absoluto transmite temor, sí buenas maneras y serenidad. Una especie de Gioconda en masculino.

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