Los osos, de Vsévolod Garshin


Los rusos

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

Ernest Hemingway cuenta en París era un fiesta que cuando conoció a Scott Fitzgerald le contó que estaba leyendo a los rusos, a lo que Fitzgerald le contestó que se dejara de rusos y que leyera a los franceses, que le iban a aportar mucho más.

En mi modesta opinión, “las comparaciones son odiosas” que dice el refrán. Lo que aportan los rusos no lo aportan los franceses y viceversa.

Nuestra propuesta de hoy Los osos, de Vsévolod Garshin –Contraseña Editorial- tienen una virtud propia del realismo que sorprende en un libro de cuentos. Se trata de la descripción, de cómo Garshin es capaz de crear ambientes en relatos breves e incluso microrrelatos. Le daba vueltas al término, ya que aunque entonces no se hablara de microrrelato, qué es sino “Lo que no ocurrió” que en sus siete páginas desarrolla una fábula que tiene un fondo reflexivo que va mucho más allá de lo que se pueda esperar en un cuento infantil. Para no dejarles con la intriga la enseñanza viene a ser que por muchas vueltas que se les dé a las cosas, por mucho que queramos estrujarnos el cerebro reflexionando sobre la vida y la manera de mejorar nuestra vida, luego llegará la cruda realidad y echará por tierra todas nuestras grandes ideas.

En “Los osos”, que es el cuento que han elegido para dar título al volumen, encontramos una pequeña obra de arte en la que se ve al Garshin que lo ha pasado realmente mal en el frente de batalla, como nos desvela en su prólogo José-Carlos Mainer. Por cierto, me ha alegrado que gracias a la labor periodística que redactores y blogueros entre los que me incluyo hiciéramos en 2010 con La señal y otros relatos, del propio Vsévolod Garshin, ahora se haya publicado este volumen.

Volviendo a “Los osos” me quedo con la escena en la que uno de ellos se escapa y herido se esconde como una persona para evitar su ejecución. Es ahí donde sale el soldado que fue Garshin que debió de vivir situaciones de auténtico pánico.

Esos osos que van a ser sacrificados pueden simbolizar perfectamente, como creo que apuntaba Mainer, a la vieja Rusia que vivió el autor y que tiene poco futuro ante el comunismo que tardaría poco en imponerse. No es de extrañar que hiciera un homenaje a esa Rusia que ni él ni nadie volverían a ver.

En el volumen hay dos relatos bélicos que son los que más fama han dado al autor, “Una novela muy breve” y “De las memorias del soldado Ivanov”.

Sin embargo, nos vamos a detener en “Attalea Princeps”, otra fábula que, al igual que “Lo que no ocurrió”, nos previene sobre el poco sentido que tiene hacer ciertos esfuerzos. Leyendo esta fábula, que se desarrolla en un invernadero, practiqué un ejercicio muy interesante. Como estaba delante de un ordenador, fui consultando los nombres de árboles y arbustos que aparecen en el relato, viendo las fotografías y disfrutando de una lectura muy enriquecedora. Por ejemplo, todos sabemos lo que es la canela, pero ¿han visto alguna vez el árbol de donde sale? Este ejercicio se puede practicar con varios de los cuentos, en uno de ellos con carruajes, y por supuesto, con otros libros, es especialmente entretenido.

En el aspecto formal, un oso y un hombre armado se superponen en una realidad en la que contrasta la pacífica actitud del oso, frente al hombre con el puñal preparado para matar. Es un libro manejable y bello que se puede transportar y leer con facilidad.

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