Muerte en el Café Gijón, de Rubén Loza Aguerrebere


El santuario de las letras madrileñas

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

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Punto de encuentro de escritores, actores, directores de cine, periodistas, políticos y de más, el Café Gijón es uno de los lugares emblemáticos de la cultura madrileña.

Nuestra propuesta de hoy, Muerte en el Café Gijón, de Rubén Loza Aguerrebere –Editorial Funambulista- tiene otros protagonistas, pero el propio Café Gijón en sí mismo, no es sólo escenario, sino que tiene un protagonismo relevante en el relato.

El postfacio de Germán Yanke, es breve pero jugoso. Nuestros lectores no deben perderse sus palabras que tienen la peculiaridad de venir de uno de los escritores que habitan el universo del relato.

Si la semana pasada decíamos que Fumiko Enchi narraba una traición, hoy también encontramos un trasfondo traidor en el relato. De ahí que se piense en un suicidio cuando desde el principio nos consta que se trata de un asesinato.

La premisa del libro viene a ser que cuando se comete un crimen sin móvil, es decir, sin conocer a la víctima ni tener ningún motivo para matarla, dicho crimen queda sin resolver. En la novela, desde luego, la solución es totalmente errónea, y por lo tanto, se confirma la hipótesis de partida.

Es curioso cómo un relato tan breve, novela corta claramente, puede contarnos una historia de amor con tanto fundamento, ya que combina la pasión, el pasado y la traición. Elementos todos ellos que harán las delicias de nuestros lectores.

Otra de las gracias del libro es meternos de lleno en ese mundo un poco bohemio, un poco pretencioso, de los escritores e intelectuales que habitan el célebre café.

El protagonista acaba de escribir un libro y sufre afligido las malas críticas que aparecen y el silencio del gran profesor a quien ha entregado el volumen con la intención de conocer su parecer. Esa desazón también lleva a pensar en un suicidio. Más cuando al lado del cadáver aparece el libro con la reseña impresa en la que su obra es puesta en solfa.

El aspecto formal nos lleva a un libro breve e intenso como los cortados que se sirven en ese Café Gijón y que unos y otros van consumiendo sin parar. La fachada aparece en la cubierta en todo su esplendor. Un local que no sólo es valioso por su pasado, sino por el futuro que le queda por vivir. Todo un mito de nuestra literatura.

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