Total Khéops, de Jean-Claude Izzo


 

Mar marsellés contra la depresión postvacacional

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

 

Se podría decir que Total Khéops, de Jean-Claude Izzo –Akal básica de bolsillo- es una novela negra que se puede leer como una novela clásica. Decimos esto porque dentro de este género negro-policíaco, la obra que hoy nos ocupa aborda problemas cotidianos que se podrían haber tratado en una novela tradicional.

Así, la inmigración, la pobreza, la xenofobia, la crisis de los cuarenta en los hombres son todos ellos problemas universales en los que entra Izzo sin ambages y con una sinceridad propia, por ejemplo, de Michel Houllebecq. Ambos nos presentan una Francia muy parecida en la que el protagonista cuarentón se confiesa y recrea de manera que cualquier otro lector cuarentón se pueda ver identificado. Los que sobrepasen esa edad podrán verificar que así ha sido y será. Los más jóvenes tendrán la sensación de que, efectivamente, hacia allí caminan sus vidas.

¿Y qué decir de las lectoras femeninas? Ellas encontrarán también alguna mujer que acompaña a este perfil en sus sinsabores y decepciones. Sobre todo, la aportación a la lectora femenina consiste en conocer los problemas y pensamientos del hombre que tienen al lado, ya sea un jefe, un padre, un hermano o la propia pareja. Quizás por eso este tipo de escritor tiene mucho éxito entre las lectoras.

La trama se antoja una excusa, un motivo, para que el protagonista Montale desencadene sus reflexiones sobre el mundo en el que vivimos, sobre los fracasos acumulados generación tras generación, sobre los padres que esperan con el corazón en un puño a que su hija vuelva sana y salva de una salida nocturna. De todos modos, diremos que tres amigos de infancia y adolescencia caminan en sentidos opuestos, dos de ellos se hacen delincuentes, el tercero –protagonista de la serie- se hace policía. Una de sus preocupaciones es la responsabilidad que siente de no haber conseguido cambiar el rumbo de sus otros dos amigos.

 Lole es la chica del grupo. Los tres enamorados de ella, ella enamorada de los tres para al final quedarse sin ninguno de ellos. Así es la vida.

 Un aspecto de la novela que no queremos dejar de destacar es ese ambiente marítimo marsellés que enganchará a más de un lector y que por momentos recuerda a uno de nuestros autores mediterráneos, nos referimos a Manuel Vicent en Son de mar. Esa recreación de la costa, de las barcas, de la pesca, de los restaurantes especializados en pescado recordará a más de uno las vacaciones para aplacar la dichosa depresión postvacacional.

 El aspecto formal nos remite a los tonos amarillos del sol y a la imagen de perfil de un hombre veterano con la mirada perdida en el mar.

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