La leyenda de una casa solariega, de Selma Lagerlöf


 Premio Nobel de primera

Clasificación: Para todos los públicos

Precio: 21 €

Editorial: Funambulista

Nuestra protagonista de hoy tiene el honor de haber sido la primera mujer en obtener el galardón del Premio Nobel de Literatura. Por si eso fuera poco, es la primera escritora o escritor sueco en conseguirlo. Hay quien opina que esto de los premios es caprichoso y que escritores como James Joyce o Marcel Proust no lo obtuvieron.

 Sin embargo, suele ser una garantía de buena literatura. Más, si cabe, en estos de principios de siglo XX. Selma Lagerlöf se aficionó a la lectura y escritura de muy niña, por una dolencia en la pierna que no le permitía la movilidad. Gracias a esa lesión hoy podemos disfrutar de una obra fresca y agreste, romántica y nostálgica que nos despierta instintos nobles en la lectura.

 No queremos dejar de destacar el postfacio de Elda García-Posada. En él encontrarán más información sobre la autora y la obra que hoy nos ocupa. La recomendación vuelve a ser leerlo antes de acometer la obra, y no después, pese a estar colocado al final. El motivo es que nos da unas directrices y claves de interpretación que pueden ayudarnos a la hora de comprender lo que se escribe. Frente a esto, y entendemos que ese es el motivo del editor, hay quien prefiere no saber nada de la obra para que esto no condicione la lectura. Quien opine así, evidentemente, debe leer el postfacio después de la obra y no antes.

 La novela nos remite a una suecia rural, en todo caso, con una industralización muy incipiente, en la que todavía se nota la presencia de la tradición literaria sueca. En concreto, la literatura fantástica de hechos mágicos y bosques encantados. Esa tradición, combinada con una nueva ola de escritores que se encontraban a caballo entre el realismo que se iba y el experimentalismo que no había llegado todavía, nos lleva a esta novela que anticipa ya a autores como Proust, y que todavía recuerda un poco a los realistas como nuestro Galdós. De todos modos, tiene más de aire fresco que viene a regenerar un realismo que empezaba a quedarse rancio, que de realismo en sí.

 La historia es realmente bonita, una historia de amor en la que este –me cuesta no poner la tilde- tiene tanta fuerza que es capaz de resucitar, si no a una muerta, sí a una cataléptica.

 El aspecto formal nos lleva al enigmático personaje loco que la protagoniza, un joven obsesionado con su violín como en su día se obsesionara nuestro Alonso de Quijano con los libros de caballería. La locura  aquí es tratada con sensibilidad femenina, con cariño y delicadeza lo que es la clave de la obra.

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor en Lengua y Literatura

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