Vuelve el 98


Novela en estado puro

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

Si hay una época de la literatura contemporánea que está poco trillada en la novelística española, esa es la del fin-de-siglo, en España, muy ligada al célebre Desastre del 98 con la consiguiente pérdida de Cuba y Filipinas. Se trata de una época apasionante que me atrapa cada vez que me acerco a ella.

Literariamente, supuso la irrupción de la segunda gran hornada de escritores españoles, lo que se ha venido a llamar Edad de Plata de la Literatura Española –permítanseme las mayúsculas por la relevancia de sus escritores y mi admiración hacia ellos-

Cárceles imaginarias, de Luis Leante –Editorial Alfaguara- nos lleva a aquella época, y nos devuelve a la actualidad en constantes flash back y go forward que nos presentan historias independientes a cuál más interesante.

Luis Leante se destapa como un excelente narrador que sin duda pasa a mi nómina de favoritos junto a nombres tan célebres como Javier Marías o Michel Houllebecq. Quizá sus relatos no sean tan reflexivos y profundos, pero a cambio aporta mucha vida a sus personajes, con una narración que no es tan dinámica como la periodística de Arturo Pérez-Reverte, pero sí muy ágil en su lectura.

Entiendo que cualquier adolescente puede leer este Cárceles imaginarias sin tener que acudir al diccionario en ningún momento. Por lo tanto, si entre mis lectores hubiera algún profesor de secundaria, se me ocurre que podría ser una buena propuesta de lectura para esos alumnos que a veces quieren más. Uno de los protagonistas es relatado desde su adolescencia, con lo que puede enganchar muy bien con los lectores de entre 15 y 18 años.

Solo hay una peculiaridad que podría dificultar la lectura. Se trata de que en una misma línea puede estar una pregunta de uno de los personajes, y la respuesta del otro sin más indicaciones. En todo caso, la intuición nos hace salvar el escollo sobre la marcha.

Otro de los aciertos de Luis Leante es el de crear un árbol genealógico que se va construyendo página a página y que quedaría perfecto en una edición erudita como los que hay de Cien años de soledad, por poner algún ejemplo. Luis Leante tiene la habilidad de componer un universo en el que todos los personajes resultan interesantes, todos nos dejan con ganas de saber más sobre ellos. Si a esto unimos el contexto barcelonés, otra obra a la que podría asimilarse sería a Nada, de Carmen Laforet.

Desde luego, la novela que hoy reseñamos daría para un artículo mucho más profundo que el de la reseña que solemos redactar, nos descubre a un gran escritor al que deseamos muchas más novelas de esta categoría y mucho éxito.

El aspecto formal nos lleva a una imagen tan críptica como la del título. Un hombre sobre fondo blanco proyecta dos sombras exactamente iguales, una hacia adelante, y otra hacia detrás. Nuestros lectores irán descubriendo página a página el porqué del título y el de la ilustración. Que lo disfruten.

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