Homenaje a Charles Dickens


Dos clásicos en uno

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

 

Muchos pueden ser los criterios para decidir si un libro, o un autor, son clásicos. El más frecuente es el que dice que cuando leemos un libro después de mucho tiempo y nos sigue emocionando e interesando, estamos ante un clásico.

En este sentido, Aventuras de Pickwick, de Charles Dickens –Clásicos Universales Castalia- supone leer a dos clásicos a la vez, ya que esta edición ofrece la traducción de Benito Pérez Galdós. De ahí nuestro titular de hoy.

Aventuras de Pickwick nos ofrece una trama divertida por momentos, pero que va mucho más allá del humor inglés a secas. Nos aporta usos y costumbres de la Inglaterra victoriana que hoy están más que desfasadas, pero nos sorprenden y nos atrapan en sus peculiaridades.

Por ejemplo, el robo de una doncella supone la persecución de los amantes con la más que razonable sospecha de que el interés del varón por la dama es meramente económico. La pobre desgraciada es incapaz de ver con claridad la situación y se niega a volver con su hermano.

Otros usos y costumbres nos irán metiendo en una lectura que, pese a su voluminoso aspecto, irá avanzando con paso firme hasta el final.

Decir que Charles Dickens es un fantástico creador de personajes es decir algo que muchos de nuestros lectores ya sabrán, pero habrá seguidores de esta sección que por unos motivos o por otros todavía no hayan leído nada del excelente autor inglés.

Esta obra es una magnífca oportunidad, ya que nos permitirá leer al inglés con un aire galdosiano muy interesante y familiar. El hecho de que el escritor canario tradujera al inglés nos confirma la más que posible influencia en nuestro querido Galdós.

A su vez, en estas aventuras que van surgiendo a lo largo del camino encontramos una influencia bastante clara del Quijote, y de la novela picaresca española en general, que muy atinadamente señala Arturo Ramoneda en una presentación que no deben dejar de leer.

En el aspecto formal volvemos a un escenario favorable a jubilados, parados de larga duración, enfermos, y en general, gente que por circunstancias pasa muchas horas en casa. Los que llevamos el libro en transporte público sufrimos ciertos inconvenientes de peso, pero a cambio tenemos el premio de leer a uno de los grandes de la literatura anglosajona.

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