Otro gran escritor francés


La dulce espera

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor y Profesor de Lengua y Literatura

Al leer La península, de Julien Gracq –Nocturna Ediciones- se me viene a la cabeza la célebre canción de Camarón de la Isla en la que el cantante gaditano se va entreteniendo por el camino.

Dicen los expertos que La península es un canto a la espera, al igual que lo fuera Esperando a Godot, de Samuel Beckett. Es cierto que el irlandés afronta ese tiempo desde la pasividad más absoluta. Se podría decir que es una espera desesperada.

Por su parte, el francés la afronta de una manera creativa que supone un viaje en sí misma. La planificación de unos días con la amada, el disfrute anticipado del feliz encuentro, hacen que la espera sea agradable, que esas horas que pasan entre el tren de medio día, que evidentemente la amada ha perdido, y el de la noche, sean una aventura ellas solas. Por eso, si la espera a la irlandesa fue bautizada como “teatro del absurdo”, la espera que hoy proponemos, una espera con acento francés, sería todo lo contrario. Es decir, convertir algo tedioso y absurdo en una aventura en sí misma.

Llama la atención el virtuosismo del autor en demorar el tiempo y atraparnos en una descripción constante de lo que va viviendo en esas horas. No hay casi diálogo, ni acción. Las escenas van pasando una tras otra en una especie de cine mudo en el que nos quedamos embelesados por la belleza de las palabras, por el colorido del paisaje, por cómo el autor es capaz de transmitirnos sensaciones ante un paisaje que va alternando entre el calor, la lluvia, y el mar. La mar le llama él, como los poetas. Un mar que se convierte en una obsesión a lo largo del relato. En todo caso, las personas no son más que otro motivo del paisaje, no se interactúa con ellas.

Cuando vamos avanzando las páginas, al igual que al protagonista, nos surge la incertidumbre de si el encuentro se va producir finalmente. Si no habrá una avería inoportuna en el coche, o un despiste absoluto en esa demora en la que se recrea el protagonista, que haga que no se produzca el feliz encuentro. Y con esa intriga les dejamos, tendrán que despejar la incógnita ustedes mismos.

El aspecto formal nos lleva a una edición impecablemente cuidada que se convierte en un capricho. El típico libro que sólo por la belleza estética ya nos va a llamar la atención. Si a esto se añade el excelente contenido, la conclusión es que se trata de una compra maestra. No se la pierdan.

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