La inmortal Generación del 98


La trilogía La lucha por la vida ofrece nueva presentación en un estuche

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

 

Parece mentira que autores del siglo XX nos parezcan casi prehistóricos cuando ni por su estilo, ni por sus preocupaciones están tan alejados de nosotros. Sí que la trilogía  La lucha por la vida, de Pío Baroja, que ahora nos ofrece en un estuche la editorial Cátedra presenta un Madrid más histórico que aproximado al de hoy en día.

Sin embargo, la vida de raterillos que relata La busca, sobre la que hoy nos vamos a detener más a fondo, se aproxima mucho a la que podemos imaginar en esos niños gitanos que vemos en terrazas, en el metro, a veces pidiendo una limosna y siempre a la expectativa y al descuido. Quizás, ver ese mundo desde una perspectiva más próxima nos haga replantearnos la dureza de la misma por un lado, pero por otro, la tremenda libertad que supone para un adolescente callejear por una ciudad como Madrid. Evidentemente, supone un caramelo para cualquier infante frente a las clases, las tareas, los exámenes… No es de extrañar que haya tantísimos adolescentes de estas características.

Como otros muchos escritores finiseculares, Pío Baroja pone el dedo en la llaga y denuncia lo que, asombrosamente, pese a las leyes de educación, los miles de policías, la concienciación ciudadana, y la ingente cantidad de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, parece haber ido a peor con el paso de los años.

Sería injustísimo por mi parte no mencionar el excelente trabajo en la edición que se ofrece por parte de Juan Mª Marín Martínez, que nos pone en perspectiva la obra y nos da todo lujo de detalles sobre la vida de Pío Baroja y su estancia en Madrid. Quizás alguno de nuestros lectores considere excesivo el número de páginas que ocupa, pero está claro que quien quiera, puede prescindir de los aspectos que ya conozca, en caso de no estar escrito, no podría disfrutarse.

Leer a Pío Baroja, pese a sus leísmos, y algún otro anacoluto, es uno de los grandes placeres que no debería perderse nadie en esta vida. Su magistral técnica narrativa le acerca a los otros dos grandes novelistas de la lengua castellana Miguel de Cervantes y Benito Pérez Galdós en opinión de Juan Mª Marín Martínez, que por supuesto, compartimos.

En el aspecto formal, nuestra inseparable colección Letras Hispánicas es tan familiar, que entendemos que habrá pocos hogares en España que no tengan algún ejemplar de la misma. Al ofrecerse las tres obras en un estuche, se pueden disfrutar por separado como magníficos compañeros de viaje.

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