El tiempo recobrado, de Marcel Proust


La obra maestra de las letras francesas

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado

Doctor  y Profesor de Lengua y Literatura

Se lamentaba Francisco Umbral por el número de personas que cita las célebres magdalenas de Proust sin haber leído En busca del tiempo perdido, y no le faltaba razón. En absoluto.

De ahí a creer que no hay nadie capaz de leer la serie hay un abismo. De hecho, yo conozco a una persona que leyó los siete libros, uno detrás de otro, y que me animó a que yo lo acometiera.

Debo reconocer que al final, he leído el primero, Por el camino de Swann, y el que hoy nos ocupa, que cierra la serie bajo el título de El tiempo recobrado,
de Macel Proust –Editorial Alianza-

Gracias a la editorial Alianza hoy tenemos disponible la serie completa en los nuevos diseños recientemente estrenados. Cuál no habrá sido mi sorpresa al encontrar a una intrépida viajera, que al igual que hiciera mi compañera, ha acometido posiblemente toda la obra.

En busca del tiempo perdido es considerado por la crítica como la obra cumbre de la literatura francesa, por lo que es lectura más que recomendable, pero ¿qué nos aporta la gran obra gala?

Por un lado, un tempo totalmente distinto al de la novela contemporánea. Así, los párrafos parecen infinitos, ocupando a veces varias páginas. Esto se transmite a nuestro pensamiento y a nuestra dicción, acentuando nuestra capacidad de pensamiento y cambiando de alguna manera, hasta nuestra manera de escribir.

Evidentemente, si le preguntan a alguien que haya leído alguna de las obras, destacará el retrato que se hace de una sociedad desaparecida, que nada tiene que ver con nuestro mundo regido por la tecnología.

Por otro lado, Proust a veces hace reflexiones que sí que son muy útiles en nuestro día a día. Por ejemplo, considera que no somos dueños de nuestras opiniones. Que pensamos igual que nuestro periódico o, en este caso, cadena de televisión de cabecera.

Para esta reseña he acometido la lectura de El tiempo recobrado, con la incógnita de si era posible una lectura independiente y muy distanciada en el tiempo de la que hice en su día de la primera obra de la serie.

En principio, considero que es complicada dicha lectura si no se tiene ese conocimiento previo que mencionaba Francisco Umbral. Un conocimiento que se puede tener sin necesidad de haber leído ninguna de las obras, pero sí habiendo leído referencias, escuchado conferencias, en fin, dada la calidad de la obra, es difícil que nuestros lectores no hayan escuchado esas referencias.

En todo caso, ha merecido la pena leer este colofón a la obra maestra del maestro francés, que sin duda, cierra de manera brillante el camino emprendido con Por el camino de Swann.

En el aspecto formal es un libro manejable, de auténtico bolsillo, pero puede resultar un poco molesto el hecho de esos párrafos interminables a los que nos hemos referido, que seguro, nos pillarán en el momento más inoportuno. Teniendo un poco de precaución en este sentido, estoy convencido de que alguno
de nuestros lectores lee la serie completa. Que la disfruten.

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